NO MIENTO, NO DIGO TODA LA VERDAD


tortugas

El hecho es cotidiano, tanto que no se admite que sea una falta decir mentiras y sin embargo vemos que se disparan como si fueran verdades contundentes. La mentira se ha entronizado y se usa por “quítame estas pajas” sin pensar que los hechos, tarde o temprano, mostrarán la verdad.

¿Por qué se miente? Por múltiples razones, pero la principal es evadir la responsabilidad. Se llega a extremos de culpar a otros y decir que se hace para proteger un “secreto”. La verdad se abre paso y el mentiroso queda como tal y no solamente esto acarrea el propio desprestigio, sino que se involucra a inocentes. La mentira ha adquirido status profesional, porque hay quienes afirman muy serios estar diciendo la verdad cuando a su alrededor tal vez las tazas que son objetos inanimados no se den cuenta del embuste ni les importe nada, porque son cosas.

El tema es que la mentira de hoy se olvidará más tarde, porque llega otra mentira a reemplazarla. Con ese pensamiento se miente sintiéndose impune. Ya se sabe que la memoria es corta y el olvido está a la vuelta de la esquina.

Digamos que esta es una sociedad de mentirosos donde unos a otros se cuentan las historias más inverosímiles. Una sociedad donde está trastocada la idea de verdad y las mentiras pasan de contrabando a la vista de todos y en su perjuicio. Hubo una vez en que no decir la verdad era penado. Hoy se celebra y se le llama “viveza criolla” o “cundería”; con esos términos se trata de bajar el nivel y hacer aceptable la mentira, lo que es inaceptable.

¿Cuesta no embaucar? ¡Claro que cuesta! Especialmente si la mentira se ha vuelto un modo de vivir. Es lamentable pero lo vemos y sufrimos a cada rato. La mentira parece haber llegado aquí para quedarse y reinar.

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