LA VIOLENCIA COMO ESPECTÁCULO


Gota sangre

No estoy hablando del Circo romano, donde se apostaba en desiguales y sangrientas batallas entre gladiadores o en el que indefensas personas eran muertas por fieras. Tampoco se trata aquí del “deporte” del box, que deja a muchos de sus participantes inútiles mientras viven ni de los violentos combates de “kick boxing”; ni siquiera de peleas de gallos, “artístico” toreo o la antigua, popular y salvaje Yawar Fiesta.

Es que el presidente peruano dijo que sería bueno bajar la información de la violencia que nos llega a raudales a través de los medios. De inmediato se han tomado sus palabras como una confirmación de asalto contra la libertad de prensa. Es cierto que la violencia existe y castiga al país. Es cierto que es misión de los medios informar, pero también formar. Y ocultar lo que pasa no es manera de hacerlo. Es verdad que la violencia debe denunciarse y está bien que los medios hagan oír la voz de la ciudadanía defendiendo derechos y señalando a los que son culpables. Sin embargo la crónica roja baña los noticieros de la tele en donde reporteros agitados no solo muestran hechos, sino que hacen “inteligentes” preguntas al criminal presunto como “¿Qué te hizo matarlo?” o ¿Qué sentiste?”. Son dignos herederos de esa  periodista que preguntaba acezante a una persona evidentemente en shock por las heridas: “¿Duele, duele?”.

Me parece injustificado el airear telenovelas donde el violento es un héroe. Vivimos en una sociedad signada por la violencia, qué duda cabe, pero a veces ella busca el “rebote” de sus acciones y para los delincuentes verse en pantalla adquiere cierto cariz de triunfo.

¿No significa a veces que las primeras planas, noticias destacadas, “especiales” o las vueltas y revueltas de casos “emblemáticos” como el de Ciro Castillo Rojo, más que la información son el ofrecimiento de una vitrina atractiva que muestra a los desadaptados como seres cercanos a los héroes? La “autorregulación mediática” no parece existir. No se trata de no decir lo que pasa, pero he llegado a ver las “dramatizaciones” hecha como “reconstrucción” de hechos delictivos. ¿Eso a quién beneficia? ¡En absoluto al público!

Es cierto, las emociones fuertes son preferidas por una mayoría que prefiere observar a vivirlas. El término “voyeur” o mirón, lo dice todo. Siento que a veces los medios tocan esa fibra en su público con el afán de llamar la atención y vender más.

Gota sangre

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