DE LA PALABRA AL HECHO


indignados

Indignados. La palabra se ha puesto de moda, pero acciones que la respalden, faltan. Indigna lo que sucede en los pasillos, en el micro, en las “salas de justicia”, en algunos programas de TV, en el congreso, en las elecciones, en el actuar artero de muchos políticos y delincuentes. Indigna que a la vista aquello que se creía bueno, muestre su lado descompuesto y podrido.

“Indignación”, “indignados”… ¡palabras! ¿Y dónde están los hechos? ¿Dónde está el decir “NO”, el detener las mafias y barrer de corruptos este mundo? Se habla de indignación y los motivos siguen creciendo como hongos. Se hacen manifestaciones mundiales y se grita: “¡Indignación!”. Pero parece que la Gran Oreja es sorda. Quienes debieran enmendar los caminos se hacen los distraídos y arguyen razones mil para no dar la cara. Mientras tanto la bulla crece y se cree que puede apaciguársela con dinero, con balas o con miedo. Poco a poco como en un coro de la tragedia griega, las voces van subiendo y se da la callada por respuesta porque primero, siempre, estará el egoísmo.

De nada sirve indignarse al parecer, hasta que alguien se atreva y pase de la palabra al hecho. Entonces será tarde y nuestra “civilización” caerá en manos de unos “bárbaros” que lo arrasarán todo, para volver a comenzar. ¿No suena a conocido? Se llama Historia y parece que no aprendemos de ella, salvo para mostrarnos indignados con lo que pasa.