EL BOTÓN REEMPLAZA A LA ESPADA


nuclear

Este hecho confirma una vez más que el hombre no aprende, que la Historia se escribe con minúscula y es tan solo una sucesión de hechos.

El botón que puede desencadenar una guerra nuclear ha reemplazado a la espada en su misión de muerte. Ya no es uno: son millones. Ya no se necesita haber agredido para recibir una respuesta. La muerte viene desatada por una sola acción. Desatada es la palabra, porque esa acción elimina las amarras de una impensable Caja de Pandora que guarda el Mal.

La amenaza está lanzada y toda la parafernalia de la guerra se despliega en un intento de sembrar el miedo. Sin embargo, lo terrible es que todo ese movimiento que llena plazas, inflama pechos, agita banderas y grita consignas no sirve de nada frente a un botón que algunos pintan rojo y yo creo que es negro, porque promete la oscuridad.

La espada y el botón: miles de años echados al garete por la estupidez de los hombres.

ES OBLIGATORIO SER VOLUNTARIO


SMO

En el Perú suceden cosas que hacen necesaria esa triste y muy nacional institución de la “interpretación auténtica”.

Somos creo, el único lugar donde ser voluntario es obligatorio. De lo contrario te multan o según escuché una opinión, te meten preso.

Parece que la semántica juega malas pasadas o es usada para decir “¿ya ven?”. El tema se discute por calles y plazas, se recaban opiniones variopintas y finalmente hay una ley de servicio militar. Toda ley, si no me equivoco, es eso: ley. Y hay que acatarla. Pero vienen “las reglamentaciones de la ley” y allí parece que el asunto se enredara. Ahora resulta que hay un sorteo y si sales sorteado y pagas una multa, estás exento. Si cursas estudios superiores también y sigue sumando. Resulta que el que debería ir no va y los que van no necesariamente deberían ir. ¿Alguien entiende algo? Es un galimatías o por lo menos así es percibido. ¿No tendrían que perfeccionar “las reglamentaciones”? Da la impresión que sí y tienen que ser muy claros. Puede que “Dura lex sed lex”  pero que se la entienda, o que la expliquen bien.

LA HIDRA


hidra-lernaean 

A la alcaldesa de Lima quieren llevársela de encuentro de todas maneras. Buscan cualquier pretexto y excusa para lograr que se vaya a su casa. No les importa haber perdido una votación ciudadana, ni que sus intenciones se descubran. Hay mucha plata de por medio y grandes ambiciones para un futuro que ellos quieren acelerar. Ambiciones que se esperanzan en más dinero y poder que esperan va a generar aún  más plata. Se mueven todos los hilos posibles y ya no importa la visibilidad acusadora con tal de lograr el objetivo que pensaron lograr y se les escapó porque la ciudadanía decidió respaldar a la decencia.

Ahora resulta que un abogado suspendido por no pagar sus cuotas al Colegio de la Orden y los dejados fuera de un negocio turbio entre otros, piden que “por justicia” la alcaldesa se vaya. ¡Altoparlantes de escondidos parlantes?

Son los coletazos de ese dragón infame, de esa hidra maligna a la que le crece una nueva cabeza cuando otra es cortada. Son los coletazos de un sistema corrupto que se niega a morir.

Enarbolan su “triunfo” si llegan a vacar a regidores. ¿Un triunfo sobre qué o sobre quién? Sobre el ciudadano corriente, sobre usted y sobre mí. Consideran y declaran haber “ganado”, pero curiosamente babean por más. Es que saben que el trofeo preciado fue defendido y sufren al ver las arcas alejarse. Sufren porque saben que no podrán medrar. Sin embargo volverán a intentarlo.

TE AVISO QUE HA SALIDO UN AVISO…


Aviso

Tremenda polémica en las redes y en otros medios ha desatado un aviso.

Se trataba del requerimiento de una persona, donde se detallaban las características, no del puesto sino de la persona que podía acceder a la entrevista, para que si cumplía con los “requisitos” accediera al puesto ofrecido.

Se averiguó que el “ofertante” era una universidad, que el aviso de marras había aparecido en el suplemento dedicado a los empleos de un diario “grande” y que era evidente (tanto que estaba escrito), que se practicaba la discriminación y se alentaba el racismo.

La universidad pidió disculpas alegando un error del área de marketing (como si esta fuera un extraño a la universidad) comprometiéndose a que esto no vuelva a suceder. Infringieron la ley. Eso es otra vez evidente y el asunto se agrava por ser una institución dedicada a la enseñanza. ¿O es que creen que el nombre, al hablar de “técnica” los exime y solo las universidades “académicas” son las que enseñan deberes y derechos… y los cumplen?

¿Y el diario?  Dijo que no era su responsabilidad.

O sea que publican cualquier cosa con tal de ser pagados por ello. No digo que chequeen la verdad detrás de cada aviso, pero por lo menos que no acepten los que violan las normas. Por eso vemos en los famosos “avisos económicos” que se anuncian teléfonos de lugares que ofrecen sexo y de personas que lo hacen. La figura del proxenetismo, penada por la ley, ronda peligrosamente.

Todo esto es una muestra de cómo nuestra sociedad se desintegra y cómo se permite que en aras del dinero esto suceda. Lo último que se sabe es que el Ministerio de Trabajo interviene de oficio.

Es mínimo el aviso” se dirá. Sí, pero por un clavo se perdió una herradura que perdió a un caballo que permitió que se perdiera la batalla y con ella se perdiera un reino.

 

A LAS PALABRAS SE LAS LLEVA EL VIENTO


 

 

palabras

La frase es implacablemente cierta.

Tan cierta como la inseguridad que vive el país. Es verdad que el color rojo que tiñe las noticias colabora para que la famosa “sensación” de inseguridad aumente, pero negar el peligro es suicida.

Es tema recurrente en conversaciones y comentarios; las estadísticas, que son frías, dan cifras enormes por más que nos digan que han bajado. “Un millón de muertos, una estadística. Un muerto: una tragedia” A nadie conmueve la multitud, pero sí la historia personal. ¿Es que no tenemos suficientes historias personales ligadas a este penoso tema? ¿Es que su abundancia, convertida en cifras estadísticas no nos conmueve? ¿Por qué la reacción inmediata de las autoridades es mirar hacia atrás y decir “yo no fui”? ¿Quién nos protege entonces? ¿Las palabras?

El remezón social es demasiado grande para mirar como la bola pasa y se alargan los tiempos, los trámites se enredan, el dinero que puede solucionar en parte este problema se devuelve a las arcas o va desapareciendo en bolsillos culpables.

Que no suceda que sobre las ruinas de lo que fuimos sigan flotando las palabras llevadas por el viento.