CUANDO «LA PLATA VIENE SOLA»… ¡CON UNA AYUDADITA MÁS!


billetes

Todavía el “obsequio” que se hicieron los congresistas peruanos de duplicar sus “gastos operativos” sigue trayendo cola. Una cola que no es para menos, pues resulta un asunto escabroso, para calificarlo con una palabra que no sea la de “indecente”, frente a un país que parece esforzarse por salir adelante y en el que muchos miles de personas tienen con las justas para vivir. Frente a unos resultados del Congreso como colectivo y en la mayoría de los casos individuales, tan pobres, que da vergüenza. Vergüenza ajena, porque a quienes debería, no parece importarles.

  1. 1.   El puesto de congresista parece ser una prebenda en su perfecta acepción del diccionario (prebenda: f. Ventaja o beneficio que recibe arbitrariamente una persona.

Trabajo o cargo lucrativo y poco trabajoso: esa prebenda le permite vivir con holgura.) cohonestada por los votos.

La culpa la tenemos todos, por avalar a perfectos desconocidos y delegarles funciones que requieren como mínimo inteligencia, y perdónenme los que no sean culpables, honestidad. ¿Es que es malo el Congreso? No. ¡Son malos los congresistas en su inmensa mayoría! Muchos, prácticamente han comprado el voto que aseguraba su curul, no solo con dinero sino con favores a futuro. Y ellos son en los que reposa la delegación para legislar. Hay un hatajo de individuos que serían impresentables en cualquier situación y que se ufanan no solo por tener poder, sino por ser inmunes a cualquier investigación, casi diríamos inimputables.

El humor nacional troca por risas lo que debiera ser indignación. Un chiste, pareciera sustituir a la justicia y mientras tanto las componendas siguen, los acuerdos sobre o bajo la mesa se dan para inimaginables fines, el tiempo se pierde y con él millones de soles y la confianza de los ciudadanos comunes que no tienen “seguridad” ni se dan el lujo de no trabajar porque tienen la pitanza asegurada y los “extras” también.

¿Para qué quieren los “gastos operativos”? La respuesta es muy simple: ampliar y asegurar su CLIENTELA. En la antigua Roma, los Senadores mantenían a personas, llamadas CLIENTES, que los seguían a todas partes y formaban su “capital electoral”. Hoy los CLIENTES de estos parlamentarios autóctonos, esperan, como lo hacían otros hace varios cientos de años, que su “FIDELIDAD” reditúe, sin importarles que en el camino, las llamados “Padres de la Patria” se enriquezcan de una manera obscena. Seguimos pensando como un grupo de mendigos que esperan las migajas, porque no se da el trabajo de conseguir el propio pan.

Recibimos las sobras, porque las tajadas mejores se las llevan los intermediarios que nosotros mismo tontamente escogimos. Los intermediarios que se hacen llamar congresistas.