LOS “ZILLONES” DE UNA BIBLIOTECA MUNDIAL


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Leo entre diez “predicciones” elegidas por RPP de la revista americana “Popular Mechanics”, que en el futuro cercano se digitalizarán 130 millones de libros, para ocupar 124 discos de 3 terabytes: la biblioteca de la humanidad contenida en disquitos que caben en un espacio que los libros contenidos en ellos, ocuparían multiplicado y convertido en una cifra astronómica.

Utilidad de archivo, que le dicen. Facilidad de acceso a un preciado tesoro que no por multiplicarse dejará de serlo menos. En realidad, poseer esto, no hará otra cosa que poner a nuestro alcance la literatura universal, pero no nos proveerá del tiempo que necesitaríamos para disfrutarla.

De pronto contaremos con una maravilla así, pero habría de ser actualizada al segundo, lo cual es imposible, creo yo, porque se escribe en todo el mundo, cada instante que pasa. El sueño de la Biblioteca de Alejandría multiplicado por “ene” hasta alcanzar el rango de “Biblioteca de Babel”, por llamarla de alguna manera, es imposible, pues en el  momento de poseerla y revisarla algo, ya estará desactualizada con cientos de miles de libros nuevos haciendo una cola de “espera” interminable.

Prefiero los buenos, viejos libros de papel, donde la escala humana se respeta aún, que me permiten el placer de pasar las páginas, escribir en los márgenes de las hojas y subrayar lo interesante, lo valioso, con lo que coincido y con lo que discrepo.

Una biblioteca que se mide en terabytes o “zillones” es como tratar de contar las estrellas: lo siento como algo que no tiene sentido porque nunca el número nos dará la belleza. Tal vez nos asombre, pero será un asombro más de esos a los que la literatura nos tiene acostumbrados.