VIDA PRIVADA


lupa

Hay personas que hacen pública su vida privada o que son tan públicas que prácticamente carecen de ella.

En el primer caso se las llama criollamente “figurettis” y en el segundo muchas veces se ven invadidos inmisericordemente por una prensa que suele tratar de encontrar lo mínimo de la vida del “conocido” que pueda alimentar a ese monstruo estúpido que ella misma cría y que llama “lector”, “televidente” o “audiencia”.

Los “figurettis” de desviven por sobresalir de cualquier modo en las noticias y están dispuestos a hacer lo que sea porque los reflectores los iluminen y sus pobres existencias adquieran la notoriedad que les permita ser reconocidos en la calle, no importa de qué manera.

Sus mínimas acciones son “levantadas” por ellos mismos, recogidas y amplificadas por una prensa que vive no de la noticia importante y que trasciende, sino de escandaletes que presentan como manjares cuando son bazofia, para “su” público compuesto en una gran mayoría por negaciones que emiten sonidos y ellos creen habla.

Lo otro se llama simplemente intromisión y con el afán de atraer la atención y engordar cifras y billeteras, consideran que si alguien tiene un quehacer público, no tiene vida privada o si la tiene, es como si fuera a defecar al interior de una vitrina: todo se ve. Es cierto que cuando uno ejerce un cargo de esta naturaleza está sujeto a fiscalización, pero eso no significa que “el populorum” se entere con todos los detalles de actos que cualquier ciudadano consideraría personales.

La “libertad de prensa” a veces confunde el libertinaje con la libertad  y la “libertad de empresa”. Otras, con una prensa que hace eso: prensar al hombre hasta extraerle el jugo vital.

Figurettis” y “prensa” de la que hablamos: dos caras de una misma moneda. Esa con la que una sociedad enferma “paga” por “información” que finalmente no es otra que la que financia su triste final.

¿Es que nos merecemos esto?