EL ROSTRO RECUPERADO


sacerdotisa

“Este martes presentaron los resultados de las investigaciones realizadas por cerca de 24 meses por el bioarqueólogo Haagen Klaus y el antropólogo forense Daniel Fairbanks, que lograron reconstruir el rostro de la Sacerdotisa de Chornancap, una importante gobernante de la cultura Lambayeque que permitió conocer el trascendental rol jerárquico de la mujer durante los siglos XII y XII d.C.

Los arqueólogos de la Unidad Ejecutora 005-Naylamp, encabezadas por Jorge Centurión Centurión y Carlos Wester La Torre, este último director del proyecto de investigación, presentaron al público las fisonomías del rostro, que hasta ahora era un misterio.

Los investigadores Haagen Klaus y Daniel Fairbanks de la Universidad del Valle de Utah de los Estados Unidos, durante todo este tiempo realizaron minuciosos estudios, para formar la imagen recuperada del rostro de las mujeres más importantes de la historia prehispánica.” (Fuente:RPP).

 

La noticia llega con rostro de mujer.

El anuncio que se ha podido reproducir la imagen del rostro de la Sacerdotisa de Chornancap, hace que se sienta una mirada que atraviesa aproximadamente 1,200 años de historia.

La cuidadosa reconstrucción tuvo en cuenta más de veinte antiguas fotografías, tomadas por el ya fallecido sabio Herbert Brüning a mujeres de la zona, solo para trabajar los pómulos y la nariz. El personaje de entre treinta y cuarenta años, fue encontrado con un rico ajuar que delata su importancia. Resulta fabuloso poder contemplar el rostro de quien ejerció el poder en épocas remotas, dentro de una sociedad y cultura que se desarrolló al norte del Perú.

Nos encontramos de pronto con un pasado que toma cuerpo y podemos revivir en nuestra imaginación ceremonias, ritos y el transcurrir de los días de un tiempo que estuvo enterrado y oculto para los ojos.

Serena y expectante nos observa desde una lejanía que pueblan las historias y los mitos mostrando que las mujeres, desde antiguo, no solo participaban igual que los varones en las acciones cotidianas, sino que tenían puestos de privilegio donde el poder existía, porque seguramente eran depositarias de una sabiduría que las elevaba por sobre los demás.

El rostro del poder nos observa impasible y nosotros no podemos más que aceptar su ancestral voluntad.