EL JUEGO DE LOS DELINCUENTES


 pelota

Lo hemos visto en imágenes tan increíbles como las de los sucesos de La Parada: delincuentes disfrazados de “hinchas” futbolísticos, asaltando a diestra y siniestra, de un modo no solo desembozado sino verdaderamente audaz. La policía (que había muy poca, porque “se pensó” que Cristal era un equipo sin “barras bravas” ni problemas, fue rápidamente desbordada y pudimos ver como un auto patrullero tenía que huir de un grupo de malandrines. Los hechos absolutamente condenables merecieron una tibia disculpa del Ministro del Interior, el encargado de velar por la seguridad de los ciudadanos. Para ello tiene a sus órdenes la policía y sin embargo arguyó que “no contaban con que sucediera” o algo así. Entonces, la ciudadanía está efectivamente desamparada frente al crimen. No se trata de una “percepción” de inseguridad, bastante alta según una medida reciente, sino de una total inseguridad.

Lo visto en TV corrobora esto y lo que vivieron las víctimas es una realidad tremenda, no una fría estadística.

En el caso del fútbol y los desórdenes que se producen a su alrededor, mal se haría en culpar al deporte. Lo que sucede es que resulta ser una oportunidad para que grupos de desadaptados y criminales, amparados por la euforia multitudinaria den rienda suelta a lo que saben hacer y de lo que viven: robar, herir, a veces matar, asaltar y vejar a los ciudadanos que nada tienen que ver con un vandalismo llevado a extremos desafiantes.

La solución a esto se queda en propuestas y mientras tanto, los verdaderos hinchas mueren, son acosados y su propiedad es pasto del lumpen. Los clubes “prometen” no entregar entradas gratuitas sin empadronamiento (como si este sirviera para asegurar un freno a la violencia) y la policía “resguarda” a unos “barristas” que caminan hacia la comisión de destrozos y que deberían estar tras las rejas.

El “deporte de las masas” sigue adelante a pesar o precisamente, porque las masas son ciegas y estúpidas. Y de esas masas aprovecha la delincuencia: la que asalta a mano armada y la otra, que encubierta, promueve el accionar de la primera con oscuros fines de lucro.

¿Cuándo vamos a aprender que ESO NO ES DEPORTE? Es delincuencia pura, de la encubierta y de la otra: ambas letales.

Mi voz, como otras tantas, se perderá en el fragor que supone “el deporte rey”, porque lo que sucede es que lo más fácil de tener es la mentalidad de horda que con sus aullidos lo acalla todo. ¿Estamos dispuestos a seguir viviendo así? Yo no y creo que hay muchos a quienes de veras les gusta el fútbol, que tampoco.