EL SUICIDIO DE LOS PEATONES


Dicen que los “lemmings” caminan hacia el mar, suicidándose y lo hacen en masa. No sé si será cierto, pero otra especie, la “peruvianus peatonem” parece que sí busca el morir por “pie propio” atropellada por un vehículo. Cada año, son tantos los que mueren así que casi son masa.

¿Qué pasa por la cabeza de un “ventajista” que evita cruzar por un puente peatonal y expone lo más preciado que tiene que es su vida? ¿Por qué se dice que el cruce “está a tres cuadras” y en vez de caminar hasta un sitio de cruce seguro se aduce “flojera”, “apuro” o cualquier otra excusa que no sirve a los muertos?

Máximo San Román iba con toda su familia por la Panamericana (que es una carretera), cuando una señora cruzó intempestivamente la pista. Según declaraciones del chofer, no pudo hacer nada para evitar el impacto y la arrolló. Resultado: una persona muerta, un hombre al que la tontería humana convierte en involuntario victimario con prisión e “investigaciones” posteriores para él y dos menores en la orfandad. Y eso que Máximo San Román acepta lo ocurrido y se compromete a sufragar los gastos que ocasione el triste incidente y a continuar viabilizando la educación de los ahora huérfanos. Además dice que aunque eso no repare la pérdida de una vida humana, pone a disposición de los deudos una cantidad, como resarcimiento. Otro, como pasa muchas veces, hubiera desaparecido del lugar y si te atropellé no me acuerdo.

Definitivamente este tipo de “cultura” que yo llamaría piadosamente costumbre, que hace que los peatones se crean invulnerables ante el embate de un vehículo de por lo menos media tonelada de peso, lanzado a velocidad, produce lo que se llora y comenta: muerte.

Se dice en todos los tonos, pero los oídos son sordos: a “otros” les puede pasar pero a uno no, hasta que se convierte en la penosa cifra de una estadística.

Otra vuelta a la tuerca: educación nos falta. Sentido común escasea, tontería abunda. Los “superhéroes y superheroínas” peruanos que arriesgan estúpidamente sus vidas y quizá las de otros dribleando vehículos y desafiando elementales normas de seguridad, por desgracia se merecen lo que les sucede.

Es triste que una mujer haya muerto atropellada, pero su irresponsabilidad ya no tiene remedio y esto debería llamar a reflexión y a respetar reglas que pueden ser “incómodas” pero están dictadas para nuestra propia protección.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.