HUELGA


 

Es una manera de expresarse para pedir, exigir  algo.

Las huelgas son el modo de llamar la atención sobre uno o varios problemas y presionar para conseguir su solución.

Los huelguistas (y muchos más) ven el problema y lo sufren y los demás la sufren y claro, lo ven. Ellos se encuentran  especialmente con los problemas. Creando desconcierto y caos se logra que el foco de la atención se ubique en el hecho. En el país sufrimos huelgas que vienen de diferentes ángulos y que alteran la marcha normal, el día a día. A las huelgas promovidas por maestros, médicos y diversas zonas del país, se suma la violencia callejera que estas provocan. El tránsito se vuelve un nudo y se paralizan actividades que son vitales para el desarrollo.

Los que sufren la huelga protestan y en general se crea un clima que no es lo que todos quisiéramos para el Perú.

Hace mucho tiempo un amigo me contaba lo que había visto en una visita a una fábrica inmensa en Japón: en algún momento observó que alguno de los trabajadores tenía puesto un brazalete que los distinguía. Al preguntar la razón, le explicaron que esos obreros estaban en huelga y así lo hacían saber. Al replicar él que estaban trabajando, le explicaron que sí, porque de no hacerlo perjudicarían no solo a la empresa sino a sus compañeros y a ellos mismos. Que protestaban, pero eso no quería decir que dejaran el trabajo.

Cuando mi amigo me contó este hecho, pensé seguramente “cosas de japoneses”, pero con el tiempo me di cuenta que ellos tenían la razón. Una huelga significa disentimiento y el hacerla, expresarlo. No supone los famosos “daños colaterales” a que estamos tristemente acostumbrados por aquí.

Se necesita de una verdadera dosis de madurez, civismo y responsabilidad para actuar así. A ello se llega, después de experiencias como el desastre económico que vivió Japón con la Segunda Guerra Mundial y que estoy seguro es recordado y la promesa de no repetirlo está en todos los niveles.

A veces pienso qué distintas serían las cosas aquí si actuáramos de otra manera. El derecho a la huelga es inalienable. Pero también lo es el derecho a la vida. Creo que eso no se entiende bien y por ello, cuando hay una protesta laboral, ninguna de las partes quiere dar su brazo a torcer.

 

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Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.