DE LAS REDES SU VIOLENCIA


Somos un país violento. Se comprueba diariamente en los medios, en la calle, en la manera de discutir y zanjar las discusiones. Desde el viejo “callejón oscuro” que en los colegios obligaba a alguien a pasar entre filas de quienes le lanzaban puñetes y patadas hasta el “bulliying” moderno que no es otra cosa que el acoso inmisericorde a las personas nuestro país se ha caracterizado por una violencia que se desata en la cruenta toma de carreteras como un medio de protesta y el asesinato directo o por encargo como “solución definitiva” de los problemas. Las famosas “redes sociales” de Internet no son ajenas a esta característica y en ellas gracias al relativo anonimato que ofrecen, la patente de corso hace que el lenguaje violento y los peores deseos se expresen.

Este fenómeno, muy acorde con los tiempos, no es sino la evidencia de aquello que creo que es la raíz del tema general: la violencia por un sentimiento de inferioridad. Escondidos entre una inidentificable multitud, la “valentía” aflora y en “Fuenteovejuna todos a una” hace que se cometan desmanes físicos y verbales que individualmente no se cometerían tal vez. No se cometerían porque el temor a la respuesta paraliza. Como existe este sentimiento de inferioridad individual, se busca al grupo, la “mancha”, el “hago lo que todos” como excusa para dejar salir las frustraciones personales. Las redes sociales no son sino una expresión donde este sentimiento tan extendido y tan poco aceptado aparece.

Siempre hay una excusa para no hacer lo correcto. En todo aspecto se le echa la culpa a otros de los males ajenos. No hemos aprendido a afrontar la realidad y la Historia lo consigna a lo largo de la existencia como país, con honrosas, claro está, excepciones.

Podría referirme a casos puntuales de esta violencia en red, pero prefiero no señalar a ninguno en particular. Ocurre a la vista de todos y tristemente con una inmensa complicidad.

Creo que un país como el nuestro, no puede albergar sentimientos de inferioridad si miramos hacia un pasado lleno de maravillas, un presente que desafía y es resuelto con ingenio cada día y un futuro que construimos desde el hoy con decisión. Ser menos nunca nos debe pasar por la mente y al no serlo lograremos hacer el país que siempre hemos debido ser: un país de ciudadanos iguales, con la frente en alto y la razón como arma y escudo.

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