ZAPPING


Hace unos días extrañé el “zappig”, es decir el cambio de canales de televisión en busca de algo interesante que ver. El televisor, por algún desperfecto, sintonizaba un único canal y en este había un programa de los que llaman “reality”. De esto me di cuenta minutos después, en el corte comercial. Entonces comprendí porqué al principio no entendía nada, cuando veía escenas cotidianas, respaldadas por diálogos que al comienzo me parecieron extraños, luego bizarros y después francamente fuera de tono e insultantes para cualquier inteligencia. No entendía por qué tenían que mostrar en pantalla las incidencias de un almuerzo grupal, salpicadas por conversaciones punteadas por lisuras enmascaradas con un pitido. No entendía qué interés podía tener el ver comer a algunas personas, que se decían cosas que seguramente eran naturales para ellos pero que al re4sultar ofensivas para el televidente eran anuladas por un sonido. Después de la pausa comercial y al darme cuenta del tipo de programa que era, resistí unos minutos y apagué el aparato, extrañando no poder hacer “zapping” y ver otra cosa que fuera entretenida o interesante. Informativa al menos.

Apagué el televisor porque me sentí ultrajado en lo que creo que es mi gusto y en lo que me parece mi inteligencia. No es que “me crea muy” como diríamos, pero me parece que ningún televidente merece eso, por muy gratis que sea al ser un canal de señal “abierta” la televisora que lo emite. Tampoco entiendo como tiene firmas y productos que lo auspician y confían en un programa de este tipo para llevar sus mensajes de venta. Bien dicen que lo barato sale caro. En este caso, carísimo para el gusto que se revuelve desesperado al enfrentarse a un engendro así. Si la vida real de ciertas personas es de esa manera, entiendo ahora por qué son como son. Tienen todo el derecho a vivir como quieran y si lo desean,  vender su estilo de vida a quien se lo quiera comprar, pero a lo que no hay derecho es a transmitir patochadas por más reales que sean, que demuestran el nivel al que puede llevar una “naturalidad” mal entendida.

La televisión no parece haber cambiado nada en estos días en que estuve “desconectado” y nos extrañamos de las situaciones que vive el país: el ejemplo lo está dando la veja “pantalla de plata” al decir de un comentarista de antaño, que ahora es una pantalla multicolor. Chillonamente multicolor.

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