RECESO


Una parada siempre es buena y eso es lo que haré en la publicación de los posts en el blog. No se trata de cambios ni nada por el estilo. Es simplemente que dedicaré un espacio de dos semanas, aproximadamente, al silencio bloguero.

Gracias y disculpas a los que me leen. Siempre es muy valioso saber de su compañía y durante estos días de receso los llevaré como siempre en mi corazón.

Nos comunicamos pronto. Mientras tanto, que todo sea bueno y les deseo no suerte, que es azar e ingobernable, sino el éxito que viene del esfuerzo.
Un abrazo,

Manolo.

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LA PISTA DEL CONEJO DE PELUCHE


“Una monstruosa banda de pornografía infantil que operaba en siete países fue finalmente desbaratada. En la operación liderada por autoridades de Estados Unidos se detuvo en un lapso de dos años en total a 43 hombres. Además, se identificó al menos a 140 víctimas.

De acuerdo a información de la agencia AP, entre los integrantes de la red estaban, para sombro de la ciudadanía, un titiritero de Florida, un gerente de hotel en Massachusetts, un técnico de emergencias médicas en Kansas, un asistentes de guardería infantil en Holanda, entre otros.

Un peluche propició redada

Aunque parezca sorprendente, un conejo de peluche propició una de las redadas más importantes en la lucha contra la pornografía infantil. Los investigadores identificaron el muñeco en una imagen donde se observa a un bebé medio desnudo, de año y medio de edad.

La imagen se usó para rastrear a un maniaco sexual en Amsterdan. A partir de entonces, la Policía detuvo en el marco de la investigación Holitna a varios acusados de pederastia, intercambiar fotografías explícitas de agresiones e incluso, conversar en línea sobre secuestrar, cocinar y comer niños.

La madeja que traía consigo la fotografía en mención se empezó a desenrollar cuando Robert Diduca, gerente de un hotel Sheraton en Massachusetts, la envió a un agente federal encubierto en Boston. El administrador, casado y con dos hijos, usaba el apodo de “Babytodd”.

Una agente danesa reconoció el conejito como Miffy, un personaje de una serie de libros infantiles en Holanda. De esta manera se dio con Robert Mikelsons, trabajador de una galería infantil. En la computadora de este hombre de 27 años se encontró decenas de miles de imágenes de niños víctimas de abusos.

Las autoridades investigan si los pedófilos hablaban en serio cuando manifestaban la intención de asesinar niños e incurrir en el canibalismo, entre otros diálogos perversos.” (Fuente: RPP).

Otra vez echo mano de las noticias y encuentro lo anterior que relata el desbaratamiento de una red de pedófilos que a nivel mundial, intercambiaban imágenes, comentarios y quien sabe qué más. El último párrafo de la noticia es escalofriante si algo puede serlo.

Nuevamente una muestra de lo que es capaz el animal llamado ser humano y del peligro que se corre constantemente de caer en las garras del Mal más impensado.

¿Las víctimas inmediatas?: los niños. Indefensos, curiosos, que están a merced de los caprichos de adultos cuyos crímenes no se atenúan con declaraciones de “locura”. Lo preocupante es que la repetición de hechos como este alrededor del globo terráqueo nos habla del desmoronamiento general de la especie que un día dominó la Tierra. Los niños como juguetes y objetos sexuales representan la existencia de los más profundos sótanos del cerebro, donde el caos repta encharcándose en sus desechos.

Gracias a Dios en este caso el personaje de peluche y  la perspicacia de la policía  hicieron posible llegar hasta lo que resultó ser la punta de un extenso ovillo. Sin embargo el Mal acecha siempre y se camufla de diferentes maneras para actuar. Porque no creo que otra cosa que el Mal, con mayúscula pueda ser el autor de lo que nos horroriza. ¿Hacemos algo para detenerlo o confiamos en la suerte y en conejitos de peluche?

 

 

 

LA DE NUNCA ACABAR…


 

“En una nueva requisa en el penal de Lurigancho, se decomisó gran cantidad de electrodomésticos, así como cientos de litros de ‘chicha canera’ y alcohol destilado.

El director de este centro penitenciario, el coronel PNP Tomás Garay destacó el apoyo de los mismos internos en la entrega de objetos prohibidos en las celdas.

Se incautó 20 frio bares, 320 litros de ‘chicha canera’, 180 litros de alcohol destilado, cinco congeladoras, dos hornos eléctricos, un refrigerador, 30 DVD, 20 ventiladores, jarras eléctricas y 28 ollas arroceras.

Además, 13 celulares y 22 cargadores, que ingresaron al penal, escondidos entre la ropa de los visitantes, o de otra forma ilegal, informó RPP Noticias

Garay dijo que hay por parte de los reos un sometimiento a la ley desde que comenzó la ardua labor de retomar el control del penal, pese al hacinamiento en el que se encuentra.” (Fuente: RPP Noticias)

 

Una nueva “requisa”. Se continúan encontrando desde bebidas alcohólicas, armas y teléfonos celulares hasta artefactos eléctricos que por su tamaño pasan de todo menos desapercibidos. ¡Hasta se encontró gallos de pelea en una de las anteriores!

Parecería una broma o un mal cuento de ciencia ficción, pero la realidad es que sucede en el penal de Lurigancho. Ya no sé si es de “máxima seguridad” o de “total lenidad” y parece que nadie lo sabe a ciencia cierta.

Es verdad que las autoridades quieren terminar con una historia que parece no tener final. Las “requisas” periódicas son muestra de ello. Pero el problema es mucho más grande. Tan grande que se extiende a otros penales del país frente a  los ojos de una ciudadanía estupefacta e inerme ante el avance arrollador de una delincuencia cada vez más violenta.

Es verdad que aparecen noticias alentadoras en el camino, pero son pocas y vienen lentamente.

Al delincuente no se le pueden disminuir sus derechos humanos, pero está recluido para purgar una pena, por atentar contra los derechos de la sociedad.

Hay desorden, hacinamiento, maltrato entre los mismos reclusos, falta de sentencias: mientras tanto se hacen “requisas” cada cierto tiempo. Es como ponerle curitas a un cáncer. El público se entera de la acción firme de un lado, pero con ello pareciera que se está evadiendo el principal problema. La inacción donde la eficiencia y velocidad son absolutamente necesarias, es un crimen. Un verdadero crimen que no cumple sentencia y que sabe que lo peor que le puede pasar, es que le corten el cabello.

EL ALCALDE COLGADO


“El alcalde de Londres, el conservador Boris Johnson, se quedó colgado hoy del cable de una tirolina en el parque londinense de Victoria Park y fue rescatado con una cuerda tras cinco minutos en el aire.

El alcalde había aceptado deslizarse por la tirolina de Victoria Park, uno de los dos escenarios junto a Hyde Park en los que se está celebrando el «BT London Festival», un programa de conciertos y actividades deportivas para festejar los Juegos Olímpicos.

A veinte metros del final, la tirolina se atascó y Johnson, vestido de traje y ataviado con un casco azul, quedó suspendido en el aire ante varios centenares de personas, que estaban siguiendo las competiciones deportivas a través de pantallas gigantes.

«¡Traedme una cuerda o una escalera!», pidió el alcalde, mientras agitaba dos banderas del Reino Unido y era fotografiado por el público.

Durante los cinco minutos que permaneció en el aire, Johnson, alcalde de la capital británica desde 2008, animó a los presentes para que aplaudieran la primera medalla de oro obtenida por Helen Glover y Heather Stanning, en remo femenino.

Un portavoz de Johnson dijo a los medios británicos que el alcalde se mantuvo «erguido» durante todo el tiempo que la tirolina permaneció atascada.”  (Fuente: RPP).

Sucede en todas partes. En esta ocasión la tradicional flema inglesa fue puesta a prueba y como era de esperarse salió airosa.

El “colgado” alcalde de Londres seguramente pasó un buen susto, se los hizo pasar a los que lo veían, abochornó a muchos (en especial a los responsables) y a pesar de todo no se le movió un cabello (la nota dice que llevaba casco). El hecho, que hubiera sido una tragedia en cualquier parte, con un alcalde suspendido en el aire por cinco eternos minutos, forma gracias al buen humor inglés, de parte de las anécdotas graciosas de estas olimpiadas.

Como todo “un caballero inglés” vestía traje y no le dio mayor importancia al asunto, salvo pedir una escalera y solicitar a los asistentes que aplaudieran al equipo de remo femenino británico que había sido el primero en ganar una medalla de oro: God save the Queen! (y gracias por salvar al alcalde londinense…)

COMPÁS DE ESPERA… ¿PARA ESPERAR QUÉ?


Foto: "El Comercio"
Foto: «El Comercio»

El discurso de veintiocho era esperado por todos. Con muchas, algunas y ninguna esperanza, pero en el fondo se quería escuchar algo. Ha pasado la fecha, el Presidente leyó sin mayores inflexiones un texto largo que trataba de cubrir todas las áreas. En algunos casos como la minería, se esperaba que dijera más. En otros, como salud, dijo tanto que al hacer un balance posterior parece que será imposible de cumplir, por lo menos ahora y con los recursos existentes. Habló del magisterio y dijo que teníamos derecho al agua. De inmediato se comentó y criticó la forma y el fondo. De pronto hay un compás de espera. La sensación de “¡ya dije!” que abre una especie de silencio (es un decir porque ahora hasta el movimiento en pro de los senderistas agita pancartas en Argentina). Lo que me vuelvo a preguntar es qué esperamos. ¿Van a mejorar las cosas? ¿La cordura se abrirá camino dejando de lado los intereses personales? ¿Estamos en un vacío donde se retoman fuerzas para seguir protestando? ¿Qué nos espera?

El discurso como un “punto de quiebre” ritual, ha pasado. Se ha planteado temas, se empieza a discutir posibilidades.

A lo largo y ancho del país los sin trabajo y los con hambre continúan en su desgrane silencioso de los días. Muchas de las protestas callaron momentáneamente, pero los problemas siguen ahí y si no se enfrentan efectivamente y llegan las soluciones esperadas, no habrá cambiado nada y el discurso de veintiocho será solo un montón de palabras. A todos nos toca, de una vez por todas, hacer que los cambios empiecen desde dentro de uno mismo. El compás de espera ya pasó y hay que pasar a la acción. Se lo debemos al Perú y a nosotros mismos.