«MIENTE, MIENTE QUE ALGO QUEDARÁ…»


 

 

Leí por ahí que los títulos de la Pontificia Universidad Católica del Perú no valdrán nada. Soberana estupidez de quien escribió esto, destinado a asustar intonsos, crear zozobra en padres de familia desavisados y seguir removiendo las aguas a ver si se pesca algo más.

No estoy de acuerdo con una gansada plumífera semejante. Se trata, por todos los medios de mediatizar el pensamiento independiente, de crear el miedo creyendo que es este el que empuja a la fe. ¡Qué argumento más idiota, digno de ser esgrimido por los agazapados de siempre que cazan en la oscuridad para llenarse el buche, porque no se atreven a salir a la luz!

Duela a quien duela, el conocimiento no tiene color. No puede ser tampoco privilegio de unos cuantos y tampoco de una religión. Si los nombres de “Pontificia” y “Católica” se van, queda el conocimiento inmenso que desde las aulas se compartió. Y si bien el primer título alude al Vaticano y es de su propiedad, el término “Católico” proviene del griego καθολικόςkatholikós, universal, que lo comprende todo y no creo que la comprensión de un todo sea excluyente.

Me siento mal diciendo esto, pues la verdad es meridiana. No es dicha universidad el coto cerrado de un Estado y si lo fuera, no podría ser católica, universal. Al final, lo que se consigue con esta disputa es desnudar apetitos y tratar de tener un “todo para mí” que no se condice con una religión que nació pobre y participativa.

Haber sido titulado por esta Universidad es un honor que no se mide ni en millones, ni en medallas, ni en rancios árboles genealógicos. Es el honor de saber que se sabe y que es el propio saber quien lo reconoce.