ME ENVOLVERÁN LAS SOMBRAS…


No, no es la letra de un conocido pasillo, sino la tremenda realidad que la sentencia de la Corte Suprema sobre el tristemente célebre “Grupo Colina” es y lo que el decreto del estado del Vaticano sobre lo que fue el nombre de la Pontificia Universidad Católica del Perú significa.

Sombras que presagian una oscuridad tenebrosa donde están tratando de apagar la luz de la verdad.

Resulta curioso, por lo menos, que  algunos de quienes quieren negar los delitos de lesa humanidad de un grupo asesino y se cobijan bajo tecnicismos, palabras y maniobras legales, sean también los que celebren que la Universidad sea despojada de los títulos de Católica y Pontificia.

Los trasnochados que acusan de “roja” a la casa de estudios estarían felices que el brazo ejecutor y asesino de una de las dictaduras más corruptas de nuestro país camine hacia una execrable impunidad.

Se me dirá que estoy mezclando papas con camotes, pero creo que las sombras están cubriendo campos donde brilló el sol o estaba asomando la luz.

La Iglesia Católica como institución, pierde mucho más que la Universidad: esta, por decreto deja de tener derecho a dos nombres. La actitud de ciertas personas en el lado eclesiástico debilita, por decir lo menos, lo que debería ser la confianza plena de muchos fieles.

La oscuridad avanza y en medio de ella se frotan las manos los pescadores, que a río revuelto, harán su agosto en este triste mes de julio en el que las fuerzas de la oscuridad ganan batallas a los defensores de la luz.

 

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