CON ESOS AMIGOS…¿QUIEN NECESITA ENEMIGOS?


Las pintas en el monumento a San Martín están frescas. Podrán haberlas tratado de borrar, pero la memoria las tiene y tendrá presentes: son una muestra de la estupidez que aqueja a cierta gente. Me resisto a creer que quienes perpetraron una acción así, sean universitarios. Y si tuvieran un carnet que los acredita como tales, diría que son la vergüenza de una institución en la que deberían haber aprendido, antes que nada, que la convivencia en sociedad exige respeto. Y no se trata de rasgarse las vestiduras por un acto vandálico, sino de reflexionar acerca de los valores que cada centro de estudios y las familias inculcan en quienes están creciendo a su cargo.

Estamos ante una muestra no de protesta o intolerancia, sino de pura y llana, disculpen que lo repita, estupidez. ¿Quién en su sano juicio creería que pintarrajeando un monumento está a favor de algo? Nadie orina en el plato de sopa que va a tomar. ¿Por qué dañan lo que es de ellos y de todos? Las vías de protesta no contemplan ningún tipo de agresión: hoy son las pintas, mañana estará bien incendiar casas o matar gente para “llamar la atención” Alguien dijo que “eran muchachos” y que la pena privativa de la libertad que les tocaba por el hecho era desproporcionada. No se trata de unas rayas de pintura sobre piedra: eso se borrará seguramente. Es, ya lo dije, una muestra de la descomposición social y el irrespeto que sufrimos, campo en el que la educación tiene la palabra y que parece estar fracasando. Flaco favor hacen a cualquier causa con estas pintas. ¿Se creerán que pasan a la historia? Creo que sí, pasan a engrosar la historia de la infamia. Este es el típico caso donde la frase “no me defiendas compadre” se aplica perfectamente.

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