DIA DEL MAESTRO


Hoy se celebra en el Perú el “Día del Maestro”.

Una fecha para recordar a aquellos que nos llevan por el camino de la vida y para celebrar sus enseñanzas. En realidad, todos los días son su Día, porque el son Maestros siempre y a toda hora. Pero es bueno que exista una fecha que resalte su labor. Es una buena enseñanza que debemos internalizar aprendiendo y extenderla cotidianamente.

Ser Maestro es mucho más que dictar clases. Es vivir orgulloso de lo que cada alumno es y logra. Es acompañar a quienes buscan una respuesta, a encontrar solución a sus preguntas. Ser Maestro significa vivir la alegría de ofrecer al mundo los granos escogidos de la cosecha que uno ha trabajado.

Hay en todo Maestro la sabiduría que dan los antiguos, el conocimiento que la vida otorga y el cariño de un padre.

En un mundo tan complicado el ejemplo y la guía que los Maestros representan, es una luz, tal vez pequeña, pero que se convierte poco a poco en esa claridad total que nos permite comprender, aceptar, buscar, hallar y construir.

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POLICÍA BUENO, POLICÍA MALO


En las series de televisión se suele ver al policía que frente al detenido hace el papel de malo y violento, mientras otro juega el rol de bueno y comprensivo. Es una “técnica” de interrogatorio con el fin de obtener la verdad, lo que más se parezca a ella, pero finalmente una confesión.

En la vida real sucede lo mismo: la violencia física policial contra los detenidos se usa impunemente: golpes de puño, varazos, patadas e insultos son muchas veces la recepción a un posible reo (recordemos que nadie es culpable mientras que no se lo demuestre). Esto, en cualquier forma que trate de explicarse, se llama tortura y está expresamente prohibida. Sin embargo, los policías malos no se limitan a la violencia física y verbal. Los malos policías malos (la reiteración es un calificativo) coimean, asaltan, aprovechan de su autoridad, delegada por los ciudadanos para extorsionar. Son en una palabra la antítesis del policía. Son vulgares delincuentes a los que el uniforme que no merecen llevar, camufla y protege.

La diferencia entre los policías buenos que lo son hasta dar su vida por los demás y convertirse en verdaderos héroes y la callada labor que realizan quienes cuidan de la sociedad, es notoria.

Supongo que el fenómeno se da en todas partes, en unos lugares más que en otros, pero eso no hace buenos a los malos. Y esto no solo tiene que ver con los recientes sucesos de Cajamarca, sino con lo que pasa a diario en el país. La maldad de ciertos policías es noticia, el cumplimiento del deber no. Los hombres y mujeres que escogieron velar por la sociedad y fueron formados para ello no pueden, no deben ser otra cosa que personas dignas de confianza a quienes los peruanos respeten. Si el antiguo eslogan decía “A la policía se la respeta”, el cuerpo policial y cada uno de sus integrantes debe hacerse respetar, no por el miedo, sino por eso que se llama integridad. Que el honor siga siendo su divisa.