TWITTER COMO ARMA


 

Los mensajes en Twitter van y vienen, volando a través del éter y llevando en breves palabras, de todo. Lógicamente llevan y traen insultos. Algunos velados y otros explícitos.

Quienes usan esta red social se comunican con amigos y con aquellos que tengan interés en saber de ellos, sus peripecias y opiniones. Decir ciertas cosas por Twitter es como gritar a los cuatro vientos o mascullar, pero sabiendo que se sabrá, para eso se hace.

Es una manera de decir lo que se piensa (o no se piensa, pero se dice) instantáneamente. Algo así como una especie de exabrupto escrito. Es cierto que no siempre es así, pero en el caso de los insultos o agresiones, pocas veces he visto algo tan efectivo e instantáneo. Al instante, muchas personas se enteran de lo que “X” dice de “Z” y lo que este responde: una manera muy electrónica de declarar un “odio jarocho” y de contestar. Ahora poco el intercambio duro y acusador ha llegado al Gobierno. Es cierto que en una época en que lo electrónico prima, esto no es raro. Lo que sí me extraña es que los personajes involucrados ventilen sus opiniones personales de esta manera. De pronto es muy moderno hacerlo así, pero me parece que hay ámbitos para resolver las controversias. No estoy en desacuerdo que se use el Twitter como un medio para informarnos y estar conectados a una realidad cada vez más veloz, pero que tengamos que asistir a los duelos verbales de personas que teniendo una educación prefieren decirse “zamba canuta” a gritos (virtuales) para que los escuche quien quiera, no me parece. De pronto soy anticuado y no entiendo, pero creo que existe algo llamado “nivel” que parece haberse perdido.

En lugar de “twittearse” deberían resolver los problemas. El Perú como nación, está muy por encima del espectro radioeléctrico para que eso pase.