DOS GOLONDRINAS NO HACEN VERANO


El dicho popular reza: “Una golondrina no hace verano”, queriendo decir que un indicio no cambia nada. Sucede lo mismo con la salida provocada, asumida y en todo caso anunciada de dos Ministros de Estado. Salvo el contento popular y el respiro mediático que esto significa, además de una bajada de presión a esta olla activa que se llama Perú (sin alusiones al logotipo de campaña política del actual presidente), todo sigue igual. Los fallecidos no van a resucitar, el conflicto con los llamados “narcoterroristas” no se va a resolver por eso y los problemas de los sectores Defensa e Interior proseguirán. Hay una especie de “airecito” es cierto, que nos permite la ilusión de una mejor oxigenación: los “causantes visibles” ya no están y Ollanta Humala debe pensar en sus recambios. En realidad, todo el Gobierno debe hacerlo. Recambios que combinen un conocimiento técnico con un accionar político que permita no solo hallar la solución a los problemas, sino impedir que estos se generen. Para ello como decía Konosuke Matsushita, Presidente de Matsushita Electric, se necesita “puño de hierro y guante de seda”.

No basta la solución puramente técnica sino aquella que se acomode a la población, teniendo en cuenta que pobladores somos todos y no una minoría da derecha o izquierda. Con dinero o sin él.

Difícil tarea, pero gobernar lo es, repito lo dicho más de una vez. Difícil porque nuestro país es diverso y cada parte cree tener la mayor importancia: vemos solo el problema propio y cercano, olvidándonos de los demás. De nada bastará que nos sintamos unidos “por la comida” o que recibamos muchos premios por un publicitado comercial. Sí están bien el orgullo gastronómico y “Perú, Nebraska”. Son un buen comienzo pero todo lo malo que nos sucede opaca los esfuerzos y logros de ese tipo.

Se han ido dos Ministros ¿y qué? ¿Acaso no nos queda un largo camino por recorrer donde todos y cada uno tenemos una cuota de responsabilidad? El pequeño “descanso” debe hacernos pensar que nuestro país es sí, gastronomía y turismo; pero es mucho, muchísimo más. Desde los recién nacidos que no tienen la culpa de empezar, hasta los ancianos que tampoco la tienen y sufren la vida que terminan. El Perú es una esperanza y todos debemos hacer lo posible para que se convierta en realidad. Los indicios no bastan: necesitamos acciones.