CON P DE PIURA Y PUBLICIDAD


Estuve repasando las fotos que una ex alumna que vino de visita, dejó para que viera. Primero, noté que los años pasaron y segundo, comprobé que los recuerdos se mantienen intactos. Fue hace bastante tiempo, cuando me propusieron ir a dictar unos cursos de publicidad a Piura, al Instituto “Pacífico Norte”. Estaba ubicado en una casona grande pintada de color claro, en la calle Lima número 463, si las imágenes no mienten y la memoria no falla.

Fue un reto el hacerlo y luego una alegría porque encontré que chicas y muchachos querían aprender y saber de aquello que me ha gustado tanto durante toda mi vida: la publicidad.

A pesar que yo iba esporádicamente, nos compenetramos tanto que terminaron haciéndome “padrino” de la promoción, cuando se graduaron y me obsequiaron un juego de lapiceros Cross de oro, que no solo conservo  sino que uso siempre. Mucho cariño sentí en las cálidas tierras del norte, no solo de los alumnos sino de profesores, con quienes conversábamos largamente, uno de los cuales es ahora ministro de Agricultura. Recuerdo que mi amigo, el dueño del Instituto poseía también una discoteca, que tenía en el centro una inmensa lámpara blanca colgada del techo, hecha con miles de conchas…

Las fotografías siguen avivando los recuerdos y solo puedo encontrar momentos gratos durante ese tiempo. Amistades hechas entonces, que ahora se manifiestan con esta visita, por ejemplo. Gracias a ella, nos reímos con las anécdotas, hicimos recuento de sucesos y en general fue muy hermoso volvernos a encontrar.

Tal vez sea porque me gusta la publicidad y me gusta enseñar, que cosas como esta van creando un tesoro invalorable. Que me recuerden después de tantos años me parece maravilloso, porque lo que siempre quise fue transmitirles mi entusiasmo y presiento que lo conseguí.

DEBERÍA SER POR LA FUERZA DE LA PAZ…


El Gobierno peruano decretó el estado de emergencia en Espinar, en el Cusco, con el fin de calmar un poco los ánimos y ante el desborde total de desmanes que con motivos varios se han cometido en los últimos días. Otra vez el tema minero, pero en esta ocasión la decisión de los promotores de emplear la fuerza y no aceptar el diálogo ha puesto, no solo al Gobierno, sino al país entero entre la espada y  la pared.

Estamos ante algo que parece claramente decir: “si no me haces caso, te pego y aunque me hagas caso, te pego igual

Llegamos pues a un nivel en el que todo se resuelve con la ley de la selva. De nada valen intenciones de diálogo ni razonamientos. La violencia es el argumento de quienes piden lo que se podría alcanzar mediante una conciliación.

Se necesitan muertos y heridos, vandalismo, piedras, bloqueo de carreteras y todo tipo de tropelías para decir “no nos oyen” y así ocultar la propia sordera.

En una conciliación, ceden algo las partes: no en el enfrentamiento. Parecen haber motivos subalternos, subterráneos, para resistirse a razonar y “cerrarse en banda”.

El Perú, decía, está contra la espada y la pared con esto. Si llegaran a ganar, sería aparentemente el triunfo de la sinrazón. Se niega toda posibilidad de diálogo en un país que necesita hablar para ir zanjando sus problemas. Se opta por las piedras y los gritos en lugar de las palabras. Mientras tanto, en el medio, una población desconcertada y mal informada es víctima de los que quieren pescar a río revuelto, apareciendo, curiosamente, allí donde se agitan las aguas. Aguas que ellos empezaron a mover para sacar tajada del poder: político o económico. Un pedazo propio conseguido sin importar muertos, heridos o destrucción. Sin tener en cuenta que el chantaje de los secuestros es señal de criminalidad: se esconden bajo el manto de la “justicia popular” que produjo también los linchamientos en todo el mundo. Creo que el Perú se merece mucho más que heridos, muertos, piedras, secuestros y desmanes. Es la hora de detenerse a hablar, de usar la razón antes que la fuerza.

 

ES PEOR EL “REMEDIO” QUE LA ENFEREMEDAD


A mi esposa le recetaron un medicamento y cuando fue a adquirirlo en la farmacia le dijeron que no lo tenían y la dependiente le ofreció uno que según ella “era igual” y “servía para lo mismo”. No era un producto barato y tampoco lo era el que había pedido y no tenían. Hizo la compra y pasado el tiempo de uso, fue donde la misma doctora que después de examinarla se extrañó que no hubiese mejoría. Al decirle mi esposa lo que había sucedido, la profesional afirmó que lo que le habían vendido no era específico para el mal. “Inclusive” me dijo mi esposa, “adivinó a la primera en qué farmacia lo había comprado”. Insistió en el remedio original y le dijo que si no lo encontraba bajo esa marca, pidiera tal. ¿Bingo o la doctora era cadivina?

Digo yo: ¿No es que una farmacia (certificada y de cadena) debería cuidar que es lo que está vendiendo? ¿Es que pueden “recomendar” cualquier remedio sin que pase nada? ¿Es que la empleada del mostrador puede “recetar” y decir que un remedio es igual a otro  porque tiene los mismos componente menos alguno? ¿Es que alguien está pagando comisiones por recomendar determinada marca y hay gente que recomienda y cobra?

No está bien que mi esposa recibiera un medicamento por otro, pero me parece inaceptable que el establecimiento ofrezca-sin pedírselo- un sustituto (“que es igual, incluso cuesta unos soles menos”). Las farmacias son un negocio, es cierto, pero la salud del ser humano está en juego y no me parece que con ella se haga negocio.

Una pastilla no es un talco o un perfume. Los médicos recetan, las boticas venden lo que el médico receta y los consumidores adquieren lo que la farmacia entrega a la vista de la prescripción. Ni el dependiente es médico ni debería traicionar la confianza del cliente.

Vuelvo a decir que mi esposa no debió aceptar el cambio y tuvo en parte la culpa al hacerlo. Además, pecó de confiada.

Y el tema es solo un caso estoy seguro pero es un tema de salud y debe haber millares de casos similares. La cosa no pasó a mayores, porque no era grave la dolencia. ¿Y si el paciente enferma más o se muere? ¿Estamos esperando que suceda algo como lo que pasó con esos seudo centros de rehabilitación en los que por inseguridad, incompetencia e indolencia murieron tantas personas quemadas? No me parece justo que eso suceda.

No me parece justo que den “gato por liebre” y soy del convencimiento que no es lo mismo “Chana que Juana”.

 

MIRAR ADELANTE


Es lunes y casi ritualmente nos preparamos para empezar. Detrás de nosotros están los días y un verano que se está yendo. En realidad todo es mental y si lo queremos la vida está delante. Se trata únicamente de mirar futuros y dejar que el pasado se disuelva lentamente, guardando únicamente aquello que nos ayude a seguir avanzando: siempre pienso que si uno se detiene, “se lo comen las hormigas”. Otra vez ya he hablado sobre el tema, pero me parece importante recordarlo, porque los recuerdos de nada sirven si no hacen que aprendamos algo que utilizaremos para no queda estáticos. En verdad, cada instante es un nuevo empezar con las posibilidades que queramos. De nosotros depende aplicar la experiencia para no equivocarnos.

Creo que los que viven en el pasado lo hacen porque tienen miedo. Miedo al futuro y a no contar con un equipaje de experiencias del cual echar mano. Viven en el pasado porque como en una cueva confortable están protegidos y prefieren no salir a la intemperie y arriesgarse.

El mundo está fuera y pasa velozmente por la entrada de la cueva. Hay que escoger y quedarse complacientemente en un pasado que bueno o no tanto, ya se conoce o salir a los sucesos del instante y procurar vivir cada momento. Vivirlo como si fuera el último, estrujando las posibilidades y aplicando al máximo los conocimientos que el ayer fue dejando y que se revelan útiles.

No ganaremos nada viviendo en el pasado, porque como en las vitrinas de un museo veremos nuestra vida probablemente desperdiciada. Es cierto, fuera puede hacer frío pero de pronto volverá el sol y cuando llegue, si no estamos allí, lo perderemos. Bien decía Rabrindanath Tagore: “Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas”.

“AMÉRICAN ÁIDOL”


Es el sueño de ser famoso porque la televisión lo dice (y los demás medio “rebotan” la “información”), olvida que el televidente promedio no ha leído y de pronto ni sabe quién es Martín Adán. Aquí la fama se entremezcla con la popularidad que se cree poseer por participar de un programa televisivo “que ve TODO el mundo”. Y así como el programa al que hace referencia el título, hay muchos espacios, franquiciados o no, copiados o no, que son casi calcos uno de otro, con mínimas variantes: cuando de cantar se trata, se  canta, si es cosa de bailar, se baila, si hay que cumplir tareas es lo que se hace y existe uniformidad en general. Digo yo: ¿es que los televidentes estamos condenados a cambiar de canal y ver lo mismo pero protagonizado por diferentes personas? ¿Tenemos que sufrir que los programas de noticias publiciten estos espacios declarándolos casi como “de interés público”?  Bien dicen que “sobre gustos y colores no han escrito los autores” y mi padre agregaba: “…aunque hay gustos que merecen palos

No creo que todos los canales de TV deban ofrecer las funciones de ópera del MET, pero de allí a poner gritos, saltos, “ampayes”, gorgoritos y piruetas varias hay una distancia (sideral distancia). Y entonces decimos que “para eso existe el cable”, O sea que porque no se paga, la TV abierta da cualquier cosa.

Y esto aparece avalado (y financiado) por los anunciantes que, lógicamente, van donde creen que los ven más. Y así se entra en un círculo vicioso que trata de hacer creer que el rating es sacrosanto y que condona la chatura y falta total de imaginación.

Si alguien aparece con una propuesta nueva y diferente se lo mide con una vara que está totalmente gastada y hecha a la medida de lo usual. Aprendí que generalmente no se acepta  lo nuevo, porque es desconocido. Se prefiere lo “malo conocido a lo bueno por conocer” Pena, ¿no es cierto?

Parece que nuestra televisión pese a los años, la práctica y los adelantos técnicos, ha involucionado. Las rarísimas excepciones, porque las hay, languidecen ante público ávido de formatos gastados y fórmulas que se pudrieron con el tiempo. La culpa está en los “broadcasters” y en la manía de pensar que “eso es lo que le gusta a la gente”. Y lo más fácil es creer que el entretenimiento debe ser chabacano y que la vida íntima de un futbolista merece minutos en la pantalla. Pareciera que mezclo los programas, pero es que al final, con las salvedades del caso, la TV es lo mismo. Mientras tanto los Padres de la Patria discutirán una ley para regular la comida “chatarra”. Y de la alimentación del espíritu ¿quién se preocupa?

FRASE PARA PENSAR


En mi computador tengo como protector de pantalla una frase que estuvo durante mucho tiempo en un afiche, puesto en la cabecera de la cama de mi habitación cuando era soltero. Era un fondo amarillo violento, que tenía la cara del Che Guevara (en la famosa foto tomada por Alexander Korda) solarizada en y la frase: “SEAMOS REALISTAS, PIDAMOS LO IMPOSIBLE”. Hoy, cerca de cincuenta años después más o menos, esas palabras siguen diciéndome que el camino de las quimeras es el verdadero camino.

Proveniente de los “Sucesos de Mayo del ´68”, de París, resume toda una filosofía de vida, que animó a los jóvenes a realizar uno de los más grandes movimientos populares del siglo pasado y que cambió para siempre el panorama no solo francés y europeo sino mundial.

Creo firmemente en que lo que esa frase encierra como propuesta de vida, refleja perfectamente el ánimo joven y que traspasando épocas, es más actual que nunca, hoy que se ofrecen sucedáneos de baja calidad a los legítimos sueños. Siempre he pesado que se podía llegar más allá de lo visiblemente alcanzable y que lo único que hace falta es decisión y valentía, dos cualidades que los jóvenes siempre han mostrado.

El ser joven no solo pertenece a la edad cronológica, sino al espíritu. Se puede ser un anciano de veinte años y un muchacho de sesenta. Los sueños son más poderosos que la realidad y son estos los que impulsan todo hacia adelante y hacia arriba. La juventud que anida en los corazones es mucho más fuerte que el tiempo: lo veo en las personas que parecen no envejecer porque no amainan su entusiasmo,  en aquellas que enfrentan el día con esperanza y saben que cada minuto es una batalla ganada en la guerra del tiempo.

Son las personas a las que esta frase pinta, decididas a luchar siempre por conseguir aquello que a otros parece inalcanzable: aquellos para los que no existen imposibles.

Seamos realistas, pidamos lo imposible: solo así se podrá construir el mundo.