LA FOTO


Me parece mal que los rescatados tuvieran que esperar porque se quería una foto “oficial” con ellos.

Yo lo único que hago aquí es poner mi opinión y recoger el dato de los noticieros y de una columna que leí ayer en un diario. Puede decirse que no soy original, pero la indignación pocas veces lo es, porque se da cuando la falta de sentido común aflora.

Puesto en el papel de los rehenes que vieron peligrar sus vidas, pasando lo peor como cautivos de un grupo asesino, lo último que se me ocurriría es posar para una foto. Tuvieron que dejar de lado a sus familias y esperar a pararse con el Primer Mandatario para “la posteridad”. El hecho me parece absolutamente estúpido, porque debe partir de alguien que ha querido sacar provecho del asunto, porque así creía satisfacer a su jefe y hacer “comunicación”.

Qué pobre pensamiento utilitario, el que antecede una fotografía al bienestar humano.

Es clarísimo que a quien se le ocurrió la “brillante” idea no tiene noción de lo que es la comunicación. Cree que las notas de prensa, las fotos de ocasión y el “hacer noticia” lo es todo. Un fotógrafo norteamericano ganó el premio Pulitzer, con su toma de un niño indígena africano, moribundo, que era acosado por las aves carroñeras. Supongo que hizo click y nada más. Ganó el premio y tiempo después se suicidó.

Ser testigo de la historia le dicen. Yo creo que cuando uno es testigo del horror, la indolencia no cabe y sí la complicidad culpable.

De una u otra manera, los hombres liberados ya están reunidos con sus familias, tratando, de seguro, de olvidar la pesadilla.

La pesadilla que se vuelve el sueño dorado del “comunicador” que cree que una foto de los rescatados con el Presidente le ganará aprecio y reconocimiento. Vuelvo a decirlo, aunque no le importe a nadie, no me parece. Los seres humanos se merecen mucho más que el triste papel de figurantes en cualquier álbum de los recuerdos.