SOCAVÓN


 

He escrito y vuelto a escribir este post, por eso es que lo voy a subir a la red un poco tarde, Lo que sucede es que ninguna de las tres ideas que desarrollé me parecían lo suficientemente aceptables para compartir. Es claro que hubiese podido poner alguna de ellas, pero no creo que a quienes me leen les hubiera interesado siquiera, porque finalmente aunque a veces lo parezca, este blog no es un “diario íntimo” que se abre un poquito para que se puedan ver sus paginas. Escribo para quienes me leen y les debo, por lo menos, algo medianamente interesante.

He seguido, como todos, la odisea de los mineros atrapados por un derrumbe en el socavón donde trabajaban. La primera impresión fue de horror al saber que las vidas humanas valen menos que un poco de metal y comprobar que la necesidad arriesga la cordura. De otro modo no creo que esos hombres hubieran puesto en peligro sus vidas.

Lo otro que pensé es que los atrapados debían sentirse además de casi perdidos, víctimas de unos medios que con el pretexto de la noticia, hacían preguntas fuera de lugar y relataban “para la audiencia, en vivo y en directo” las dificultades y peripecias de los rescatistas; daba la impresión de que se frotaban las manos por la noticia y hablaban a la cámara como si fueran ellos los protagonistas.

Todos los que podían y no tenían porqué estarlo, estaban allí, declarando y esperando. En vez de una larga vigilia en espera de un final feliz, parecía un conciliábulo de aves carroñeras, dispuestas a pelear a picotazos por el mejor trozo. Una vez más la desgracia desnuda de inmediato las segundas intenciones de los que se aúpan y empujan para salir en la foto.

Tal vez tampoco debería publicar este post, pero no puedo quedarme callado y digo lo que pienso, que no es grato ni deja buen sabor. Gracias a Dios el rescate fue un éxito y la movilización sirvió de algo. Pero se sigue hablando de atacar el problema de fondo, que no creo que sea la informalidad sino la miseria y falta de oportunidades: dudo mucho que a nadie le guste vivir a salto de mata.

El Perú crece y con ello los problemas. Lo que deberíamos hacer crecer a toda velocidad es nuestra capacidad de dar soluciones. El país está lleno de diagnósticos, harto de ellos. Hay que hacer las cosas y para tal fin debemos comprometernos todos.