RECUERDOS Y PIZZA


Anteanoche estuvimos charlando y comiendo una pizza en casa,  con Jasna y con Manuel; casi sin querer, sacamos a flote un nombre o un hecho y empezamos a tirar del hilito de los recuerdos encontrando coincidencias, personas y lugares comunes y conocidos, posibilidades que alguna vez fueron y todo eso que nos entretiene porque nos damos cuenta que la vida, nuestras vidas, están entrelazadas a veces sin saberlo.

Qué grato volver a recorrer los sitios en los que nuestra niñez y juventud fueron construidas y que estaban ocultos en algún cajón olvidado de la memoria. ¡Qué divertido hablar de objetos que fueron importantes como la bicicleta o los patines! De pronto nuestra conversación, variada, fue derivando en un “¿Te acuerdas?” y recordando nombres y situaciones de un pasado que por instantes flotó entre los sillones y llenó los silencios.

Amigos que se fueron, personas recordadas y costumbres compartidas de pronto cobraron importancia y hablamos de la sopa, las legumbres por mí nunca comidas, cosa que nadie entiende, los parientes y ése compañero de mi hermano que se casó con la hermana de Manuel (y yo no lo sabía).

Me dieron ganas de escribir de inmediato pero preferí disfrutar de los recuerdos compartidos y fantasear con vías hipotéticas de la vida. Dejé, como acostumbro, macerarse en distancia las memorias y los hechos pasados. Así es que hoy me siento y al escribir este post estiro los momentos que una noche nos hemos regalado como sucede siempre con los verdaderos obsequios, sin razón aparente. Es que al final, la amistad existe porque algo hay en común, porque a veces separados vivimos vidas tan parecidas que nos preguntamos si en otro plano no nos pusimos de acuerdo para tener las huellas al costado y andar por el mismo camino.