PERDÓN, NO ENTIENDO


Un ministro dice una cosa y el otro, otra, el Congreso se divide en opiniones, el presidente no habla, la primera dama usa Twitter… Francamente, no entiendo qué está pasando y me da la impresión que ni los nombrados lo saben bien y si conocen del tema, silban y miran para otro lado. Desconcierto se llama y no es novedad en este “país de desconcertadas gentes” pero hace que se dude de una dirección única.

Nadie espera que todos estén de acuerdo a la primera, pero un poco de coherencia en ciertos temas no iría mal.

Pequeños asuntos se vuelven grandes, grandes temas se soslayan y el ciudadano que sigue el acontecer nacional por los medios usuales se encuentra, creo, bastante desconcertado.

No me parece que exista un gobierno con opinión monolítica, salvo que se trate de una dictadura donde todos cantan a coro movidos por prebendas o el miedo a perderlas. Lo hemos vivido desgraciadamente no solo muy cerca sino en carne propia.

Pero un gobierno-esperanza como este tiene que ponerse de acuerdo internamente para opinar de manera concertada. No puede ser que se adviertan las zancadillas y los empujones, que ocurren siempre, pero como dice el dicho: “Los trapos sucios se lavan en casa”. Gobernar es una aventura pero no se puede permitir aventureros. Esto, que puede parecer una paradoja, nos dice que gobernar a un país es en cuanto aventura, descubrir nuevas cosas, identificar necesidades y encontrar las soluciones. No se hizo el mundo de inmediato y cinco años de gobierno alcanzan muy poco para satisfacer ansiedades legítimas y muchas veces históricas. Pero las esperanzas alentadas en su velocidad, reclaman atención.

Lao Tse dice: “Los habilidosos son buenos para calcular; los que saben son buenos para prever.” Necesitamos un gobierno que prevea, que tenga hombres y mujeres que sepan, no que adivinen. Los gobiernos habilidosos los conocemos. Supieron calcular bien en su propio beneficio.

Este me parece el momento de hablar con una sola voz, no de jugar al “ampay me salvo”. Lo exige la esperanza y un país que quiere creer. Los caminos no son fáciles, el éxito de algo y del momento, requiere asentarse y fructificar. Tenemos que estar alertas todos y caminar pisando la misma senda para evitar desbarrancarnos, porque recordemos que mientras más arriba se llega, la caída es más larga, terrible y estrepitosa.