BOTÓN TOLÓN


El nombre me vino rápido a la mente, así como la ilustración de un botón con ojos, piernas y pies en un color entre gris y marrón suave, con los delineados en negro. De inmediato, mi memoria lectora buscó en el archivo de los recuerdos y encontró uno de mis libros preferidos de la infancia. Uno de los que conservé hasta que se deshizo de viejo y manoseado o alguien decidió que ya no lo leería más y lo botó. “Vidas que pasan” de Constancio C. Vigil, debe haber avivado mi entusiasmo y hecho que prefiera las historias cortas, las anécdotas largas y las vidas de personas. Lo primero para leer y escribir y lo último casi solo para leer.

Trato de recordar otras historias pero sólo el eufónico nombre de esta hace que ubique claramente su origen.

Era un libro de pastas duras, editado en Argentina, país de donde provenían muchas de mis joyas de lectura. También estaba España, de donde venían las grandes novelas para chicos, con ilustraciones de Casamitjana o Freixas. ¡Qué época aquella de descubrir el mundo y qué buena manera de acercarlo a un niño que con “Vidas que pasan”! Veo en Wikipedia queTres mil escuelas, aulas y bibliotecas llevan el nombre Constancio C. Vigil, el Papa Pío XII le otorgó la Cruz Lateranense de oro , y fue propuesto como Premio Nobel de la Paz”.

Para mi, “Botón Tolón” será siempre un título mágico, que abrirá la ventana hacia una niñez feliz y que tan bien reseña en el colofón a mi librito “El pasado se avecina”, Balo Sánchez León, mi amigo tan querido, cuando dice: “Escrito por alguien que es y ha sido querido, por un niño que confía en los adultos.”

Debo dar gracias a Constancio C. Vigil por “El mono relojero”, “La hormiguita viajera” y tantísimas historias y cuentos. Debo darle las gracias porque “Billiken” iluminó mi sonrisa y acrecentó mis ganas de saber. Le doy gracias porque no se puede borrar de la memoria a quien te acarició con las palabras.