ROPA LIMPIA


Hoy, al ponerme una camisa limpia, me acordé de un aviso publicitario, creo que de un producto suavizante, en el cual aparece un joven poniéndose un polo blanco, con un dibujo de Ludwig van Beethoven y diciendo “Mmmm… ¡Qué bien huele Beethoven hoy!”. Es que la prenda de vestir tenía ese olor inconfundible de la ropa limpia, lavada y planchada, tan diferente del de la ropa nueva, la que está puesta más de una vez o la que viene en una maleta, después de un viaje a provincias. Ese olor fresco, fruto de seguro de la combinación de aromas de los productos usados para la limpieza y de la plancha, que deja un cierto aroma. Huele “a ropa limpia” es una expresión común cuando se abre el cajón de la cómoda o del mueble que contiene la ropa recientemente lavada y planchada. He incidido varias veces en este blog, en como se dispara algo en el cerebro con los olores. Nos retrotraen a la infancia, nos hacen revivir instantes, provocan el afloramiento de miedos o generan sensaciones que se tornan en temor o cariño. No conozco hasta ahora el olor de la indiferencia. Será que cuando esta se ha manifestado, no estaba presente nada que mi nariz detectara.

El olor del pan recién hecho me lleva a la infancia, al comedor familiar y el del “pan de cachete”, combinado con el sabor y su textura, trae al presente los lonches en casa de mis tías Gómez de la Torre, en la calle Santo Domingo, en Arequipa.

Estoy leyendo por enésima vez un libro que es una guía sobre el cerebro, que a pesar de lo moderno y gordo que es, no pasa de ser un folletito frente a la cantidad de saber que existe sobre este órgano y lo que se desconoce.  Justamente en la parte del olfato, bastante larga, nos habla de la interrelación entre este sentido y el del gusto. Es curioso pensar que quienes no lo tienen (anosmia se llama creo) tampoco tienen una poderosa palanca para los recuerdos.

No quiero abundar en disquisiciones sobre el olfato y repetir cosas que ya he dicho otra vez. Simplemente que hoy, al ponerme la camisa me acordé de un aviso y fue el olfato el que activó mi memoria, algo encontró el aviso entre mis recuerdos y decidí escribir sobre ello. Me doy cuenta pobremente de la maravillosa máquina que tenemos y se llama cerebro. Digo pobremente, porque no alcanzo a comprender muchas cosas y hay zonas de misterio y absolutamente desconocidas que hacen que yo sea el que soy, me explican y a veces se manifiestan y me doy cuenta. Todo empezó hoy con ponerme una camisa limpia y buscar un tema sobre el cual escribir.

¡Maravilloso olor que me hace saber que aún sigo vivo!