GUARDAPOLVO ROJO


 

Esta semana nuestro nieto Manuel Eugenio empezó a ir a su “Jardín”, en Buenos Aires.

Eso quiere decir que ya empezó para él una nueva experiencia: La de encontrarse con sus pares en un ambiente especial, que poco a poco lo irá preparando para la carrera larga que le espera en esta vida. Me parece muy divertido que tan pequeño de edad ya comience a interactuar sostenidamente con otros niños. Digo de edad, porque de tamaño es más bien grande y según contaba Paloma, su mamá, parecía mayor siendo chiquito, pues había otros  de más edad ubicados delante por ser más bajitos (yo con mi metro sesenta, diría que son “de tamaño normal”).

Definitivamente sus primeros días serán de acostumbramiento, de despegarse un poco del “papitis” y de la “mamitis” que es natural en alguien cuyo universo no es inmenso todavía. Aprenderá nuevas palabras, le enseñarán juegos, compartirá y empezará a formarse una disciplina.

Aunque digan que estuvo súper sociable y que participó bien, lo más seguro es que va a ser un tramo difícil para él. Un tramo que tendrá que recorrer y en el que deberá acostumbrarse a muchas cosas que antes ni siquiera imaginaba.  El nieto está empezando su camino escolar y la nieta Daniela acaba de terminarlo. Esto me trae a la memoria que cuando empecé el colegio (con casi 2 años y medio más), en Kindergarten.  El primer día fue 15 de abril de 1952: El día de mi cumpleaños. Ya en otro texto he hablado de ello y de mi desconcierto por sumergirme en un mundo absolutamente nuevo. Hoy que los años pasaron y que aprendí a navegar con ayuda casi siempre y arriesgando el hacerlo en solitario, miro las fotos de mi nieto y comparo las realidades. Se ve desde el atuendo: Si bien es cierto que en el colegio usábamos un overol verde claro para eliminar diferencias de vestido, mi atuendo era mucho más formal: El guardapolvo rojo de Manuel es un grito guerrero al lado de mi susurro verde claro.

Los cambios que se irán produciendo en nuestro nieto, fruto de esta experiencia, formarán su carácter, irán señalando su norte y al final van a decidir su vida. Encontrará amigos, de esos que duran para siempre porque se hacen en la época en que nadie le pide nada al otro ni necesita hacer demostraciones. Va a encontrar profesores y maestros, los primero le enseñarán y los segundo además de enseñarle, le van a ayudar en su formación. Ojalá que tenga muchos profesores y que los maestros, aunque sean pocos, lo sean de corazón.

Falta todavía mucho tiempo por recorrer y tal vez yo no llegue a ver su final escolar. Lo que sí me gustaría es que se divierta como lo hice yo y descubra el mundo como lo fui descubriendo. Va a ser otro mundo externamente, pero dentro de él mismo las cosas van a ser iguales o mejores porque se irá construyendo poco a poco con lo que no cambia. Lo que hace que identifiquemos lo bueno y lo malo y sepamos elegir.