«DECISIONES…» (Con la música de Rubén Blades)


«DECISIONES… TODO CUESTA….»

Ahora estoy tratando de mantener un silencio relativo en Facebook. Eso hace que reciba muy pocas invitaciones y comentarios. Es como si de un momento a otro me hubiese convertido en el espectador de una fiesta, de la cual puedo salir en cualquier momento. No reniego de la red social, porque la uso, pero acudo a ella de vez en cuando y con mucho menor frecuencia que antes. Me pareció que “subía” demasiado y que de seguro me abría flancos innecesarios. Sin tener nada que ocultar, me sentí excesivamente expuesto y que lo estaba haciendo con personas a las que conocía. Es cierto que mis post siguen llegando a través de Facebook y también lo es el que no me he “borrado del mapa”. Sucede simplemente que cuando miro el uso que se le da, pienso que invado espacios de quienes si bien se dan cuenta de ello, en algún momento me pueden percibir como el pesado de la reunión, que busca meter baza de todas maneras. A veces uno hace propósitos en fechas determinadas, como el año nuevo. Esta vez, para mí, el propósito no tiene fecha definida, pero espero ir “bajando la presión” y sabiendo que existe como medio y que es útil, por ejemplo como un recordatorio de cumpleaños y el camino por el que puedo enviar las respectivas felicitaciones o enterarme de algo medianamente importante comunicándome con amigos, usándolo mesuradamente. Vuelvo a decir que no se trata de anatematizar a este medio, pero sí ser consciente sobre que se puede estar abusando y regular el uso.

Es muy cómodo  actuar de esta manera, lo confieso, recobrando el hilo una vez que se ha lanzado y desenrollado bastante, pero también creo que tengo que hacerlo porque poco a poco la vida se estaba convirtiendo en una vitrina con focos encendidos durante mucho tiempo: La corriente eléctrica cuesta y por ahí la exposición cansa o se vuelve pesada.

Todavía, felizmente no ha sucedido nada personal, ni creo haber hecho nada que signifique “violar” intimidades. En un momento escribí un post que se titulaba «Mea Culpa” y creo que allí empezó conscientemente esta retirada, este retroceder que no significa irse, lo repito, sino bajar el tono.

Seguiré con mis post cinco veces a la semana y los textos que hago llegar a “Mercado Negro” en la Web, de lunes a viernes para que me lea el que quiera. Continuaré utilizando Facebook. La red social seguirá siendo útil, pero creo que esta es una buena manera de no aburrir al respetable.

MAWI


Otra vez localizando el post en Arequipa y de nuevo temas muy personales. El título corresponde al nombre que mis primos Echegaray Dávila, pusieron a un negocio de confección y venta de helados. Manolo y Willy (de allí el nombre) estuvieron muy cerca de la antigua fábrica de helados “Mercedes” que su padre, mi tío Domingo administraba y hacía funcionar. En el esfuerzo estaban mis tías Luisa y Juana, con un número muy pequeño de trabajadores. Luisa, la menor de los hermanos de mi padre tenía el conocimiento de la formulación de los diferentes tipos de helado y los preparaba. Finalmente la fábrica desapareció y mis primos, tiempo después decidieron abrir su pequeño negocio, con las “recetas” de Luisa para los sabores y el know how aprendido durante el tiempo en que estaban en la fábrica.

Tuvieron un verdadero éxito. Recuerdo haber ido a su local, cerca a Mercaderes y tenido que hacer cola para comprar un barquillo de helado. Tengo todavía en la memoria el sabor insuperable y mi desconcierto ante, en ese entonces, gran variedad de ellos.

Sé que crecieron y les fue muy bien. Hoy que mis dos primos partieron al más allá a reunirse con su padre, sus tíos, tías y algún primo,  me viene a la mente el nombre de su heladería y montones de recuerdos.

Por ejemplo, cuando me dio el primer infarto al corazón y llamó primero y vino a visitarme después una conocida locutora de TV y radio, que se desconcertó mucho cuando me vio, porque ella pensaba que yo era “el otro” Manolo Echegaray, es decir, mi primo, que había sido compañero de ella en un grupo parroquial en Barranco (en una época en que Manolo vivió en casa de nuestro tío Pancho). Su sorpresa fue grande, porque mi primo era un poco más moreno que yo y me llevaba fácilmente unos buenos centímetros de estatura y era “agarrado”, es decir bastante fuerte. Conversé con ella, aclaramos el incidente, yo conté una nueva amiga y ella sumó un nuevo Manolo Echegaray a su lista de amistades. Varias veces nos confundieron, porque los nombres lo hacían, pero al ver a cualquiera de los dos, las dudas se despejaban. A Willy lo vi mucho menos, pero recuerdo que a diferencia de su hermano, era rubio, como lo sería si viviese ahora mi hermano Lucho.

Manolo y Willy rondaban mi edad y por eso compartimos algunas cosas a pesar de la distancia que significaba vivir ellos en Arequipa y yo en Lima. De más chicos nos veíamos cada vez que yo iba en mis vacaciones a esa ciudad (es decir, por lo menos casi tres meses cada año), pero ya crecidos y tomados los caminos que la vida nos señalaba, el encuentro fue esporádico, pero no sus noticias y así, en la primera oportunidad que tuve fui a MAWI. Ahora sé que en Arequipa no encontraría ni los helados “Mercedes” ni la heladería “Mawi”, pero me sigue dando vueltas el buen sabor de la juventud.

 

 

FEMINICIDIOS


FEMINICIDIOS

 

 

Hay que ser cobarde para pegar a una mujer y además de asesino, imbécil para matarla.

Asistimos a una ola de informaciones que dan cuenta de agresiones a mujeres que llaman no solo a la acción sino a la reflexión. Reflexión porque parecen ser las parejas de estas mujeres quienes resultan los causantes. Cualquier agresión contra un ser humano es de inmediato una negación de la razón pero lo que ocurre con las mujeres agredidas y muertas es aún más preocupante porque a una falta total de escrúpulos se agrega una lamentable situación de “dominación” del varón sobre la mujer. Situación absurda que nos recuerda a la prehistoria, donde los hombres cazadores eran los que sustentaban a la tribu. En una sociedad que se supone ha avanzado y evolucionado miles años, en la que los roles de ambos sexos por lo menos se equiparan o deberían hacerlo, n os encontramos con una realidad que niega todo avance y se hunde en las tinieblas del mas salvaje machismo. “Soy hombre y te puedo hacer lo que quiera, pues eres mujer y además te considero de mi propiedad”, eso están diciendo a gritos y repitiéndose los infradotados que vemos agredir a sus parejas femeninas y que están apareciendo cada vez más en los medios.

En estos tiempos en que la violencia es vista como algo normal y celebrado, todo parece incitar a ella. Desde los juegos de video, pasando por los animes, las películas y muchos programas de TV hasta los tristes ejemplos que los medios nos presentan a diario. Ser “macho” es ser violento. “Los hombres no lloran” es un sonsonete que muchas veces se les inculca a los niños. La violencia es símbolo de poder: violencia física, violencia verbal, violencia mental. Esa violencia que en realidad demuestra incapacidad de resolver problemas, de pensar y que nos regresa a un pasado remotísimo donde el animal más violento, gana.

¿Qué puede pasar por la mente de un hombre para golpear, apuñalar, maltratar y finalmente asesinar a una mujer? ¿Qué puede ser para que no se arrepienta de haberlo hecho ni tenga remordimientos? ¿Cómo a veces pone de testigos a niños pequeños, en ocasiones sus propios hijos?

Nuestra sociedad, que a veces parece llamarse suciedad, está cayendo en picada, entretenida y arrullada por lo que se considera “moderno” y no es otra cosa que ruido e imágenes banales pero insidiosas que se meten por los oídos y ojos que tratan de buscar un norte y hallan caos.

Somos nuestros peores enemigos y nos destruimos minuciosa, sistemática y alegremente.

Los síntomas son claros. El asunto es tema recurrente en foros y conversatorios, en reuniones de expertos y lamentablemente en la realidad.

Según la Biblia, Caín mató a Abel y Dios lo maldijo y maldijo a su descendencia. El común hoy es ser no creyente y entonces de pronto lo que habría que hacer, además de aplicar las penas que correspondan, de acuerdo a ley, es que la sociedad entera maldiga a esos hombres y se les niegue eternamente el perdón.

 

HASTA LAS CALENDAS GRIEGAS


Es una frase que significa darle largas a algo. Saber que tiene una duración incierta por indefinida. Se usa poco ahora, pero al escucharla en boca de alguien, ya se sabe que el tema en cuestión no tiene solución.

Esta frase parece estar construida a propósito, a pesar de sus siglos de existencia, para ciertos sucesos de la vida actual: Una cita en algunos servicios de salud o el otorgamiento de un signo positivo o negativo ante la esperanza de una pregunta. Son muchas las ocasiones en que la tierra de nadie en que uno se mueve hace que el desespero sea lo que se obtiene. “La respuesta no llega”, “falta una firma” o “llegará un poco tarde”: Desgraciadamente parece que nos hemos acostumbrado a esta indefinición y en ella caminamos.

Nos dicen que esperemos, que ya llegará y que el tiempo que pasa debemos verlo como una inversión. Hubo algún político que en sus comerciales de televisión usó como símbolo la mecedora, aludiendo en que él no caería en el acto de “mecer”, es decir de prometer sabiendo que nunca solucionaría nada.

Así como nos creemos el cuento, somos dados a contarlo. No se quiere decir “no” y se dice “quizás”. Para evitar una inminencia el “mañana” siempre acude en auxilio. “Vuelva mañana” es una frase que todos hemos escuchado alguna vez al hacer un trámite: Es una versión criolla de las “calendas griegas”. Ya sabemos que el paso lento y cansino de los expedientes se prolonga en hojas de calendario, a veces en calendarios completos y en ocasiones en un vacío infinito.

Pareciera que tenemos terror a tomar decisiones a coger “el toro por las astas” y solucionar de una buena vez las cosas. “Darle largas al asunto” es una especie de deporte nacional, no importa el asunto que sea, que es también una variante de la frase.

Me recuerda a una pareja que no se casaba, hasta que tuviera casa propia. Cuando la tuvo, decidió alquilarla, sin casarse aún, para reunir dinero, hasta que en una de esas el hombre se murió y no se casaron nunca. Postergar las cosas lo único que hace es prolongar lo que muchas veces es improrrogable.

La vida diaria nos enfrenta a decisiones a las que hay que acometer y no demorar. La cavilación y el análisis están bien y posiblemente tomen tiempo. La indecisión es mortal. Cada día que pasa podemos verlo como una ganancia o como pérdida. Decimos que cumplimos un año más y en realidad tenemos uno menos de vida: Esto no es pesimismo sino saber que el tiempo es inelástico y que hay que saberlo aprovechar. Tiene que ver con la puntualidad y tiene que ver con un modo de vida. Las “calendas griegas” son un engaño, pues en Grecia no existían las “calendas” que eran una división del mes romano.

Dicho de otra manera, que no nos cuenten cuentos.

 

BOMBEROS


Cuando era chico y estaba de vacaciones en Arequipa, con mi cuñado, en su VW verde claro, seguíamos al carro de bomberos cuando escuchábamos la sirena y a veces salíamos de casa para buscarlos y seguirlos. Era la curiosidad de un niño por lo desconocido, por el anuncio sonoro de algo inusitado de ver.

Mis otros recuerdos de los bomberos se reducen a escuchar la sirena de la estación barranquina, a tener un amigo bombero voluntario y a verlos trabajar denodadamente en un incendio de la tienda HOGAR, que era cliente de la agencia de publicidad e que trabajaba, uando me enteré del hecho por un flash noticioso de la TV, estando en casa de Julio Romero. De inmediato tomé mi auto y fui hasta el lugar. En una carátula de la revista CARETAS que narraba la desgracia, soy el que único personaje que aparece en la fotografía, con el incendio detrás.

Pero no es mi objetivo narrar mi historia cerca de los bomberos y su trabajo, sino tratar de llamar la atención sobre algo que resulta tan natural que lo olvidamos: los bomberos en el Perú son voluntarios. Es decir que no sólo no ganan nada por una peligrosísima labor, como remuneración monetaria, sino que siempre aportan económicamente para con sus compañías. Este hecho contrasta enormemente con otros países, donde ser bombero es una profesión bien remunerada por los riesgos y especialización que entraña.

Digamos que nuestros bomberos son los “minusválidos” de la actividad, no porque quieran estar así, sino porque a nadie parece importarle la labor que desarrollan. De vez en cuando los medios se hacen lenguas de ellos y algún especial levanta sus carencias y destaca la entrega que los hombres y mujeres de rojo tienen para con una sociedad que los ignora tanto como para efectuar llamadas maliciosas al teléfono que recibe las emergencias.

Es indignante pensar que seres humanos arriesgan su vida por dar un servicio que no solo no es reconocido de ninguna manera sino que es ofrecido a pesar de la incuria y malevolencia de una población que solo sabe pedir solidaridad cuando se ve en peligro.

No somos capaces de ver en el bombero a un personaje que vela por nosotros y arriesga su existencia solo por amor al prójimo.

Debo haber visto mucho más de una campaña para dotarlos de lo mínimamente indispensable. He sido lector, como miles de peruanos, de los informes que dan cuenta de unidades antiguas y fuera de servicio, de mangueras parchadas y falta de lo elemental. Hemos sido testigos también de que se les achaca no llegar a tiempo o no cumplir bien con su trabajo.

Bomberos, repito, hombres y mujeres que montan guardias mientras la ciudad duerme o trabaja. Que están alertas y roban horas al sueño o a sus trabajos de supervivencia mientras los demás vivimos confiados y no hacemos lo necesario para conjurar los peligros.

Cuando yo estuve muy mal y no había quien me llevara a un nosocomio, ¿Quiénes vinieron de inmediato?: los bomberos, que hasta por tres veces me transportaron con todos los cuidados, yo casi inconsciente y tuvieron que ir de un centro hospitalario a otro, en la primera vez, hasta encontrar uno en el que me recibieran. Y allí, tuvieron que luchar contra un estúpido, con título de médico que quería en la madrugada, que llenaran unos formularios administrativos absurdos cuando está en riesgo la vida de un ser humano, para que cuando me pudieron depositar, el individuo con título pero sin nada que permitiera llamarlo médico, me dejara a mi suerte hasta que horas después, como no me había muerto, se ocuparon de mi. Fueron los bomberos los que me salvaron y para mala suerte del individuo que fungía de médico y que seguramente aún vegeta en algún puesto público, sigo vivo. Perdón por haber vuelto a meter aquí algo personal, pero les debo a quienes sé que no tienen prácticamente nada y luchan contra el olvido y la dejadez, digo, les debo la vida.

Cuando leo y veo las penurias que pasan, me pregunto donde está nuestro Estado, pues dependen de la PCM, si no me equivoco. Porqué no ganan lo que deben, por qué razón el Parlamento tan proclive a dar leyes como reconocer al perro pelado como peruano y a condecorar a gil y a mil, no promulga leyes que sirvan para dotar de infraestructura y asegurar el diario vivir de los bomberos. Con colectas y golpes de pecho no se llega a nada. Solo con la conciencia positiva del querer podremos hacer algo. Hay un viejo dicho que es terrible, pero pinta la situación vista por los ventajistas de siempre, que cuando están en peligro imploran, dice: “Para c…… los bomberos”. ¿Hay derecho? ¿Tomaremos alguna acción? ¿Esperaremos que el próximo incendio arrase con lo que queremos para hacer algo? Vergüenza, eso es lo que debemos tener y aunque sea por ella, no ser indiferentes.

 

 

PERDÓN, NO ENTIENDO


Un ministro dice una cosa y el otro, otra, el Congreso se divide en opiniones, el presidente no habla, la primera dama usa Twitter… Francamente, no entiendo qué está pasando y me da la impresión que ni los nombrados lo saben bien y si conocen del tema, silban y miran para otro lado. Desconcierto se llama y no es novedad en este “país de desconcertadas gentes” pero hace que se dude de una dirección única.

Nadie espera que todos estén de acuerdo a la primera, pero un poco de coherencia en ciertos temas no iría mal.

Pequeños asuntos se vuelven grandes, grandes temas se soslayan y el ciudadano que sigue el acontecer nacional por los medios usuales se encuentra, creo, bastante desconcertado.

No me parece que exista un gobierno con opinión monolítica, salvo que se trate de una dictadura donde todos cantan a coro movidos por prebendas o el miedo a perderlas. Lo hemos vivido desgraciadamente no solo muy cerca sino en carne propia.

Pero un gobierno-esperanza como este tiene que ponerse de acuerdo internamente para opinar de manera concertada. No puede ser que se adviertan las zancadillas y los empujones, que ocurren siempre, pero como dice el dicho: “Los trapos sucios se lavan en casa”. Gobernar es una aventura pero no se puede permitir aventureros. Esto, que puede parecer una paradoja, nos dice que gobernar a un país es en cuanto aventura, descubrir nuevas cosas, identificar necesidades y encontrar las soluciones. No se hizo el mundo de inmediato y cinco años de gobierno alcanzan muy poco para satisfacer ansiedades legítimas y muchas veces históricas. Pero las esperanzas alentadas en su velocidad, reclaman atención.

Lao Tse dice: “Los habilidosos son buenos para calcular; los que saben son buenos para prever.” Necesitamos un gobierno que prevea, que tenga hombres y mujeres que sepan, no que adivinen. Los gobiernos habilidosos los conocemos. Supieron calcular bien en su propio beneficio.

Este me parece el momento de hablar con una sola voz, no de jugar al “ampay me salvo”. Lo exige la esperanza y un país que quiere creer. Los caminos no son fáciles, el éxito de algo y del momento, requiere asentarse y fructificar. Tenemos que estar alertas todos y caminar pisando la misma senda para evitar desbarrancarnos, porque recordemos que mientras más arriba se llega, la caída es más larga, terrible y estrepitosa.