¡FELIZ CUMPLEAÑOS DANIELA!


 

Hoy cumple años mi nieta: 18 años.

Parece increíble como ha pasado el tiempo y la chiquita que gateaba y después correteaba persiguiendo a las mariposas, es hoy una estudiante universitaria en ciernes, cocina bien y porque le gusta, es amiga más que hija de su mamá y será hermana de Miranda en junio.

La vida ha pasado sin avisar o sin que me diera cuenta y Daniela cumple dieciocho. Todavía recuerdo las carreras en las que anduvimos para el parto y el comentario del médico a Alicia María, al ver a su hija tan chiquita: “Parece un cuarto de pollo”. No ha crecido desmesuradamente y sus amigos en el colegio la llamaban “Peke”. Es mi nieta mayor, mi compañera y cómplice.

Es como una hija más y he tratado de estar ahí, a su lado, siempre que me necesitara. Daniela sabe perfectamente que puede preguntar cualquier cosa o pedir algo y que si la sé y puedo responder a su pregunta o darle lo que pide, lo voy a hacer. Ella me hizo fama de “abuelito maldito” y  el término me gustó. Me gustó por su cariño y su mirada irreverente, llana, horizontal.

La vida va a seguir y ella tomará su camino, pero a donde la lleve, mientras pueda, estaré para advertirle de los baches y huecos que ya conozco, previniéndola porque ya me caí en ellos o aprendí a sortearlos. Es que creo que ese es el papel de los abuelos. El de los pa-pa-padres.

Un papel vigilante, amable y de experiencia. El papel no del guardián sino el del facilitador que hace posible, en su medida, llegar a metas y descubrir paisajes.

No hay montañas por aquí cerca, pero si las hubiera y pudiésemos un día subir juntos, le diría que todo lo que se ve desde la cumbre es suyo, que lo único que tiene que hacer para obtenerlo, es merecerlo…