LA TRISTEZA


La tristeza es un estado de ánimo que lo invade y pinta todo con unos tonos de color… ¡triste!

No conozco una persona que no haya pasado por la tristeza y tampoco sé de alguien que haya salido indemne a ese paso. Escribir aquí sobre ella es llover sobre mojado, pues tantas, innumerables y mucho más decidoras páginas se han escrito sobre ella.

Sin embargo, hoy quiero hacerlo, poniendo un granito de arena más en esa inmensa playa en la que siempre parece haber un atardecer, un irse del día, un ir cerrando el ciclo.

La tristeza es una y las causas son muchas. No existe una “pequeña tristeza” así queramos minimizarla. En el momento en que estamos tristes  su tamaño no importa, porque ya lo dije, parece invadirlo todo.

Estando triste, hay la percepción de haber perdido algo. Sentimos que nos falta algo que teníamos y ya no está. “No te pongas triste” decimos, como si la tristeza fuera un sombrero o una camisa que se puede poner y quitar a voluntad. Es imposible, creo, aunque se trate, dominar a la tristeza. Tal vez se la puede acallar un poco, pero está ahí, agazapada como un animal herido y de pronto se manifiesta: basta un recuerdo, una imagen, tal vez una palabra o las notas de una canción. La tristeza baja y va ocupando los espacios, haciendo difícil la risa, tiñendo lo que toca.

Digo que la tristeza baja como una figura, porque cuando se está triste no hay espacio alguno ni dirección posible. A la tristeza no se le ahuyenta y por más que uno haga es constante en su presencia que resulta a veces ominosa. El olvido y el tiempo suelen ser factores que poco a poco deslíen su figura. De pronto, como ante una señal inesperada, vuelve.

Tiempo y olvido, el uno a veces producto del otro, porque para olvidar se necesita tiempo, aunque a veces este parece no bastar. Recuerdos hay que sobreviven a los eones y se instalan, bastando un no sé qué para activarlos y si ellos son tristes, vuelven saltando las barreras.

En muchas oportunidades uno reconoce estar triste sin razón aparente y es entonces cuando todo puede ser la causa posible y nada es seguro. En inglés la diferencia entre “sad” y “blue” existe y creo que esta última palabra refleja más esa tristeza general, innominada, que aparece sin un motivo claro.

Al final, la tristeza parece incongruente en un día de sol y verano, una especie de mosca en una taza de leche, o una nube preñada de lluvia, que tapara el sol.