DESGRACIA EN EL TREN


Las noticias empezaron a llegarme por el teléfono, con los comentarios de mi hija Paloma, que vive en Bueno Aires. Llovió un poco más la información y de pronto sobrevino una avalancha: No era para menos, pues el hecho que había costado tantas vidas, roto tantos hogares y sembrado de heridos los hospitales y clínicas era una verdadera tragedia.

Uno está lejos, sabe por referencias, ve fotos y videos en las noticias, pero está lejos y la distancia de los días emborrona un poquito las realidades. Mi solidaridad, que es lo único que puedo dar, a los argentinos.

Ahora vamos viendo que era una cosa aparente de falta de mantenimiento. Que el “accidente” no lo es tal, porque hay culpas detrás, que esto o que lo otro, cosa que ya no importa a los que murieron y que sí tiene vital trascendencia para sus deudos y los heridos. Que en realidad tiene importancia capital para una sociedad, aunque sea para prevenir desastres de esta naturaleza: Cincuenta vidas que ya no son más, al parecer por desidia. Más de 600 heridos, al parecer por desidia. Familias destrozadas al parecer por desidia. Esa que está como cáncer, por todas partes, carcomiendo lo que debe ser para beneficio de todos. Desde la flojera o “fiaca” como le llaman en el país vecino, para trabajar, no reparar el caño que gotea, dejar para mañana lo que se debe hacer hoy: Mucha desgracia contenida en una sola palabra.

¿Qué hacer para que esa palabra terrible desaparezca, vaciándose de significados y las cosas sean como deben ser? ¿Cómo explicar que la responsabilidad no tiene tamaño y que no hay ninguna diferencia entre uno y cincuenta muertos, entre uno y seiscientos heridos?

Es tremendo pero vamos acostumbrándonos a convivir con la desidia. Allí están el incendio de Mesa Redonda, en Lima y los accidentes que jalonan nuestras carreteras. ¿Es el destino que golpea?: No. La improvisación y la desidia. Aquello que es culpa de todos los que aceptamos las cosas “porque así son”. Cargamos en nuestras conciencias miles de cadáveres porque todos tenemos un pedacito de culpa, por obra u omisión.

Lo del tren no es argentino solamente porque en todos nuestros países ocurre el fenómeno de prometer que mañana lo haremos, lo corregiremos. Si mañana o pasado corregimos, es que alguien hizo algo que está mal. Es preferible, creo, que no se haga nada, a que se lo haga mal. Se me dirá que por lo menos se hizo: Sí, pero la desidia tiene un costo que es muy alto y no creo que nadie esté dispuesto a pagar.