ET LUX IN TENEBRIS LUCET


 

A veces parece que la Iglesia Católica se moviera en los tiempos de la Inquisición religiosa.

Me parece que los oros, los ritos y todo lo que a lo largo de siglos se ha ido acumulando, pesa tanto que no la ha dejado avanzar, poniéndose al día. Así como condenó el saber de Galileo Galilei y tantos otros, arrebujándose en la comodidad del statu quo, ahora quiere a través de la Santa Sede que la Universidad Católica del Perú se adecúe a ciertas normas que demuestran el desfase de una institución. No soy abogado y lo que digo no tiene más que el valor de una opinión de ser humano y no de oveja de manada. Estoy seguro que la mal entendida política tiene mucho que ver aquí. Nos encontramos ante el caso de una organización muy antigua y mundial que quiere tener en su órbita como sea, a una pequeña universidad situada en la América Latina donde se dieron los extremos de un cura Valverde y un Las Casas: “¡Los Evangelios por tierra!” argumentó el uno para iniciar la masacre, según dicen y el otro abogó hasta su muerte por unos naturales que eran tratados peor que las bestias.

Nací como católico, me educaron como católico y me enseñaron que la diferencia que había entre los animales y mi persona, todas las personas, era el pensamiento razonado. Descubrí después, como tantos, que “la razón no tiene razón”, cuando no conviene. Y ahora veo que a la Universidad, que es católica, o sea etimológicamente universal, se le quiere marcar un determinado sendero, so pena, de no aceptarlo, perder por lo menos el título de “Pontificia”. Mi amigo Marcial Rubio a quien conozco desde que estuvimos juntos en kindergarten, es el Rector y junto con la Asamblea Universitaria y todos los que piensan un poco, se atiene a las leyes del Estado al cual pertenece la Universidad. No creo que las leyes de un Estado extranjero, como es el Vaticano en cuanto a Estado, rijan aquí.

Si lo que se quiere es un centro de enseñanza religiosa, casi una madraza islámica, hay lugares donde se enseña la teología católica, pero parece ser que “la razón no tiene razón” y que detrás de todo esto se mueve la mal llamada política que lleva en su disfraz una sonrisa amiga que esconde la mueca de avidez que realmente tiene. Los hombres pasarán. Los Rubio, Bertone, Erdö, Cipriani por citar unos cuantos, se irán, pero la luz que brilla en las tinieblas perdurará, para guiar a la barca del saber, a pesar de los mares procelosos.  El saber no conoce de ritos ni de cauces fabricados. El saber no es bueno ni malo: Nos acerca al conocimiento y como hombres sabemos distinguir el bien del mal. Aprendimos a diferenciar uno de otro así nos vengan con sonrisas, palabras o armas para tratar de convencernos.