AKUNDÚN…¿KATAPLÚN?


Malo para Miki Gonzales porque la noticia la lleva él que es conocido y su esposa que también lo es. El muchacho es el “hijo de” y por lo que se está viendo sus ganas de ganar nombre propio lo hacen actuar de manera que su destacar es deplorable.

Son poco laudables el silencio paterno y las declaraciones de la madre. Si el hecho es como se comenta, es del todo triste, porque demuestra, por un lado, que un joven se ampara en la horda para agredir y dar rienda suelta a un vocabulario soez y por otro enseña que o no aprendió nada, o no lo enseñaron como deberían en casa.

El respaldo aparente de su madre no hace sino agravar las cosas, porque está cohonestando la actitud del muchacho, que agrede e insulta, haciéndolo delante de la policía, incluso. Por supuesto que se elevarán voces que dirán que todo ha sido desvirtuado y que el agredido es el joven. Pero del relato de los hechos por las propias víctimas y algunos testigos, incluyendo la policía dice algo muy diferente. Habla de actitudes propias de la pandilla matonesca anónima, que considera gracioso todo lo que sale del grupo, del insulto como arma, el escupitajo y el golpe como argumentos y la discriminación verbal como expresión de intolerancia. Habla del desprecio por la autoridad y de lo que siempre hemos dicho insistentemente: De la falta de educación.

Supongo que la notoriedad del padre y de la madre ha influido en hacerle creer a este imberbe de 13 años que es impune y “todopoderoso”. Pésima lectura de un hecho que el adolescente acomoda a su parecer y en ello, increíblemente, se siente respaldado por la caterva trágica de su banda y por la denuncia puesta en la comisaría, por sus padres. Esto, lamentablemente no es aislado. Es notorio, por los personajes y el escándalo,  es reprobable desde todo punto de vista, pero lo observamos constantemente. La autoridad reducida a andrajos, los padres relegados a un “no me comprenden”, los amigos reducidos a un grupete de malandrines y el futuro convertido en un aburrido “¿qué hago para entretenerme?” De pronto estamos siendo testigos de “avances” que suenan a retroceso y que llevan a la sociedad cuesta abajo.

A quien he oído hablar sobre el tema y lo que he leído, no dejan dudas. Lo peligroso es que seguimos sin actuar y continúa el circo maldito de lo condenable. Los menores de edad muchas veces siguiendo ejemplos toman alcohol y se drogan, las pandillas suelen resolver su desadsaptación con muertos, en algunos lugares es impensable que los empleados del hogar se mezclen con sus “patrones” y los choferes particulares en ciertos clubes exclusivos deben dejar a sus pasajeros en la puerta para estacionarse y esperar fuera, lejos de miradas “de otra clase”.  En algunas playas no se permite el ingreso y en discotecas de nota se discrimina por el color de la piel. ¿Qué nos pasa? Se dirá que son “espectáculos” montados por los medios, pero la realidad es que estamos en algo que se parece peligrosamente a la decadencia. Ayer mi post se titulaba “Viva el Perú carajo”, hoy estuve tentado de titularlo “¡Carajo!”, pero creo que como lo he hecho, llamará también la atención. Por lo actual, siquiera.