¡VIVA EL PERÚ CARAJO!


Me parece tremendo empezar la semana reconociendo una vez más que nuestro país parece improvisar su futuro. Y no lo digo hablando del Gobierno, sino de los peruanos que dejamos al azar lo que vendrá. El primer ejemplo es el resultado de desastres naturales que son provocados cada año: La temporada de lluvias en la sierra crea el caos y la destrucción siempre. Año tras año vemos las mismas noticias en los medios, contamos muertos y desaparecidos, aluviones, desbordes de lagunas y ríos que furiosos arrasan lo que encuentran a su paso. Todos los años, en esta época ocurre y se repite un fenómeno que es previsible y en alguna medida subsanable. Los ajetreos y la preocupación llegan cuando los hechos están ocurriendo, cuando es muy poco lo que se puede hacer. El frío en las alturas se lleva niños, ancianos, cultivos y animales siempre, en una época determinada. ¿Qué se hace para que esto no suceda?: La respuesta es nada o muy poco. Una vez pasado un tiempo, las desgracias pasan al olvido, la vida sigue y de nuevo a empezar un estúpido ciclo cuyos resultados se podrían cambiar. La fuerza bruta de la naturaleza ha sido siempre dominada por la inteligencia del hombre. A veces este parece amodorrarse, creer que es el destino resignándose a sumar sus pérdidas materiales y personales.

El dantesco incendio ocurrido en las galerías comerciales de Lima, con pérdidas millonarias y por fortuna de ninguna vida, es otra muestra de la improvisación. Mesa Redonda dejó un saldo de horror y destrucción con 300 muertos por lo menos. ¡Donde? Muy cerca. Allí, en los lugares donde la gente se apiña para comprar y los vendedores almacenan sus productos. Allí, donde es evidente que una chispa hace la tragedia. ¿Hemos aprendido algo?: No.

Tan es así que por enésima vez escuchamos decir que se erradicará la informalidad. Asistimos al triste espectáculo de una entidad culpando a otra de mal uso de los sistemas de agua, cuando los bomberos dicen que la falta de agua, se debe entre otras cosas, a que los hidrantes están muy alejados. Hay autoridades que deben velar por el cumplimiento de las reglas, pero son peruanas, lo mismo que lo son quienes las incumplen y pierden todo arriesgando la vida. Mientras tanto nos acostumbramos. Y vivimos entre la mugre y la miseria, porque aunque se tenga algo, reditúa mucho parecer pobre. Nos hemos acostumbrado al llantito, a la invocacioncita, mostrando los escombros, a esperar que nos caiga la ayuda de alguna mano generosa. Desgraciadamente ese es el retrato que vemos en los medios. Sin embargo de pronto, una noticia aparentemente farandulera y poco “importante” me llama la atención: Un grupo de peruanos ha pasado una selección, que llaman “casting” (porque integrarán el “cast”, elenco, de un espectáculo) luego de ardua competencia. Han sido seleccionados por sus distintas habilidades, para viajar a Seúl, Corea con todo pagado, incluyendo pasajes, estadía, sueldo y traslados. Allí se integrarán a un espectáculo.

No escuché mucho más porque entrevistaban a algunos seleccionados (estuve tentado de escribir “ganadores) y me puse a escribir.

Esta es una magnífica noticia porque hace que se renueve la fe en los peruanos que cuando quieren, so solo pueden, sino que demuestran una valentía extraordinaria, constancia y fe en sí mismos. Esto es lo que me hace pensar que no todo está perdido y que me recuerda al poema del “Cumpa” Jorge Donayre, “¡Viva el Perú carajo!”:

También al huayco, a las inundaciones, las sequías,
les sabemos su cara de miseria.
Sus derrumbes, sus vértigos de sangre,
les conocemos desde viejas edades.
Y para todas esas camaradas desdichas,
hay un Pedro Quispe y una Juana Flores,
que a fuerza de coraje, de sudor, de esperanza,
han atrapado un rayo enfurecido entre sus manos
y lo han hecho una estera de amor, un duro adobe,
ladrillo rojo, una vivienda rústica, una torre;
el perfil majestuoso de una iglesia,
un pueblo, una ciudad y una costa
o una sierra de continuadas urbes
que se levantan y caen sin miedo a nada:
¡Viva el Perú Carajo!”