CONGA


Estoy seguro que los que lean esto tienen una opinión sobre el tema. Piensan de una u otra manera. En estos momentos y desde hace mucho tiempo todos somos bombardeados por información que proviene de dos lados concretamente y que busca polarizar la opinión pública: “O conmigo o contra mí”. El problema del cual Conga es solo la punta de un iceberg inmenso tiene mucho tiempo y decía en mi post anterior que siempre hemos estado entre dos fuegos y que cada lado tratando de llevar agua para su molino, ha ofrecido soluciones que lo que hicieron fue dejarnos peor que antes cuando optamos por una. Hoy, el “caso” Conga concita la atención popular y pone frente a frente, a las dos corrientes que irreductiblemente parecen negarse a conceder un milímetro. Para unos Conga es súper mala y para otros súper buena. Es el “todo o nada” como si estuviéramos jugando un póquer definitivo. Las voces que dicen que ni tanto ni tan poco en ambos lados, son acalladas por una grita física y una grita mediática. De pronto las razones no se escuchan y el justo medio desaparece para dejar dos opciones radicales: Agua u oro.

Se llega a decir que el oro no se come y que el agua no produce. Pienso que hay una equivocación básica en todo esto. Ambas opciones deben coexistir, en el entendido de una buena voluntad que facilite las soluciones sin vulnerar los derechos.

Se sataniza a la minería invocando lo que son a veces son generalidades y del otro lado se la ve como la salvación económica del Perú. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre.

Ambas partes antagonistas han de ceder un poco y llegar a ese justo medio que haga posible que ambos lados se beneficien: Un “win-win” debe ser el resultado.

La multitudinaria marcha por el agua ha sido respondida con ingentes cantidades de spots en televisión, especiales y el uso masivo de diarios y radio. Cada parte dice lo suyo de la mejor manera que sabe hacerlo, grita más con la esperanza de ser escuchada, pero nos encontramos ante un diálogo de sordos donde lo que falta es la escucha. El perdedor, como de costumbre, es el Perú. “Gane” el que lo haga, parece ser que nos atrasamos todos como país o defendemos a ultranza un agua que finalmente termina en el mar. Que Cajamarca tiene problemas de agua, no es novedad. Ahí está el antiguo Canal de Cumbemayo, que aminora la velocidad del agua por “golpes” llevándola de la vertiente del Pacífico hasta la del Atlántico,  de uno al otro lado de las montañas. Muy antigua la construcción que demuestra la necesidad de modificar la naturaleza y la inteligencia de encontrar soluciones: Ingeniería viene de ingenio.

¿Y por qué no se puede hacer lo mismo con lo de Conga? Digo, modificar lo necesario con el fin de crear beneficios para todos. Sé que el problema parece más difícil pero estoy seguro que es cosa de llegar a acuerdos: De dialogar.  Y para ello se necesitan siempre dos partes dispuestas a hacerlo. La situación me recuerda a la gráfica de los dos burros amarrados uno al otro y que teniendo de pastar frente a ellos, cada uno tira de su lado y ninguno de los dos llega, hasta que se dan cuenta que lado a lado, la soga no tirará y podrán comer el doble, de un lado y de otro del pasto.  La moraleja es bien sencilla: La unión hace la fuerza (y da ventajas).

Las ganas de salir triunfadores en la contienda, las ganas de hacer dinero del modo que sea, las ganas de no modificar nada y las ganas de ser notados, arruinan decisiones trascendentales que van mucho más allá de lo que me parece un falso ejemplo de “lo uno o lo otro”

Conga es un ejemplo de intransigencia por ambos lados y quiero creer que de buena fe también. Dicen que el infierno está empedrado de buenas intenciones y que no es oro todo lo que reluce.

Confío en que ambas partes reaccionen poniéndose en los zapatos del otro y alcancen un acuerdo que traiga el futuro. Cajamarca lo necesita y el Perú si quiere ser considerado nación, también.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.