BASURA ELECTRÓNICA


 

Se queja un amigo mío de las sandeces que recibe por correo. Ciertamente, parece que uno tuviera todo el tiempo del mundo para leer cuanta cosa se le ocurre a muchos enviar, no dudo que de buena fe, pensando que nos van a ser útiles, interesar o hacer reír. Junto con ello llega el correo que yo llamo “botella echada al mar”, es decir aquel que busca que compremos algo, participemos o nos unamos, sin un destinatario definido. Si a eso le sumamos los correos maliciosos que pretenden robarnos información, abarrotar determinadas direcciones o destruir el disco duro de nuestra computadora, tendremos una bonita utilización del espacio disponible en nuestro correo y si vemos cada uno de ellos una terrible pérdida de tiempo y quizá de nuestro dinero e información. Entiendo a mi amigo, porque a mí me sucede lo mismo, lo mismo que a millones de personas en el mundo. No importa el idioma, ni donde estés ubicado en el planeta, si tienes un computador y una dirección de correo electrónico y acceso a Internet, sabrás a qué me refiero. Mi esposa se maravilla de la cantidad de correos que van a la basura por mi mano, además de aquellos que de frente llegan a ella. Es un ritual que cumplo temprano y hasta cuatro veces por día: Aun así cada mañana al acceder a mi correo, encuentro algo dirigido a mí, que es real y me interesa, enmascarado entre cientos de cadenas de oración, avisos de que me he hecho millonario, diez formas de cocinar saludablemente, lo increíble de la Ópera de Berlín y cosas así. Muchas veces son amigos o conocidos quienes me hacen los envíos. Suelo ser parte de largas listas de direcciones de correo que aparecen inocentemente, al lado de la mía.

Otro amigo decía que no había que amargarse, que lo bueno era la comunicación. Discrepo: Lo que tenemos en una cháchara insulsa, un vocerío chillón y sin sentido. Por lo menos sin sentido personal. Es como si conversáramos al aire, a ver si alguien oye algo o si le contáramos lo que dijo el primo de una amiga de mi hija a su esposa hablando de la inmortalidad del mosco, descubierta por casualidad en un secreto laboratorio de Yugoslavia. ¡No pues! Yo sé que la comunicación en buena y quieren que participe, pero en el fondo, salvo raras y honrosas excepciones llega basura. Perdón por la denominación: BA-SU-RA. Es como si a nuestra antigua casilla de correos llegara una invasión diaria de folletos, estampitas, ofertas, catálogos y mucho más. Como el envío es electrónico y no cuesta sino el pago del recibo de luz, ahí va de todo. Si fueran impresos que tuvieran un precio, más el costo del franqueo, otra sería la canción.

Yo sé que este tema está muy manido. Pero de vez en cuando alguien protesta, porque parece que lo hemos incorporado a las desgracias aceptadas, al precio que pagamos por tener un correo electrónico. Yo mismo he reconocido y reconozco que hago limpieza diaria y varias veces en el día: Me acostumbré a ello, parece, como a lavarme los dientes.

Sé que este es un grito en el desierto. Pero me uno a mi amigo a ver si nuestros gritos sirven de algo. Porque hay tanto “correo-basura” que un marciano que analice Internet, puede concluir pensando que es una basura. Y creo que no tendría razón aunque los “cibernautas” hagan lo mismo que muchos turistas: dejen los lugares visitados como si fueran un vertedero de desperdicios.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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