HOY ES MARTES


Hoy es martes y la semana empieza a acomodarse. Faltan un par de días y estaremos jueves, prácticamente a las finales de la misma. El tiempo vuela y ya estamos casi a mitad del segundo mes del año: Están a la vuelta de la esquina los carnavales, una festividad que se ha ido degradando hasta que se la “celebra” con pintura, violencia y abuso de los débiles. Del disfraz y las cortesías pícaras se ha pasado al embadurnamiento y el insolente tratamiento zafio. De la alegría colectiva de los grupos a la agresividad asesina de las pandillas. Sé que sueno a viejito memorioso y a cultor de “todo tiempo pasado fue mejor”. No es así: A mis casi 65 años todavía, si Dios quiere, me queda un largo trecho por recorrer que  trataré de hacer productivamente. Y creo que el futuro siempre será mejor que el pasado. Sin embargo, sigo pensando que es el hombre el que falla y no el tiempo. Tampoco todos los hombres, pero sí algunos para crear excepciones a la regla.

Los carnavales eran la fiesta del juego con agua, la diversión y el olvidar por un momento los problemas. Los disfraces nos permitían vivir otra vida, para después volver a la rutina. Eran los días de las máscaras, el “dominó”, los chisguetes de éter y más atrás el agua florida.

La noche de la fiesta de “los grandes” en el Parque Municipal de Barranco, la tarde del concurso de disfraces para los chicos en el mismo lugar y el “corso” que recorría las calles céntricas de Lima, con sus carros alegóricos y las “reinas” vestidas de fantasía. Todo un tiempo de algazara y festejos, que se ha ido perdiendo como costumbre o cambiando para mal, quedando algún lugar en el que se lo promociona como atractivo turístico. En mi librito “El Pasado se Avecina” narro un poco acerca de los carnavales de cuando era chico. Hoy, que se acercan, mi nieta tiene temor de salir  en los “días candentes”, porque no solo pueden mojarla, sino agredirla en la vía pública. Año tras año, la “prohibición” de jugar carnavales con agua en la calle, usar el número y  la sorpresa para pintar  a indefensos peatones, es letra muerta. Por ello le pongo comillas. No se hace caso y se prepara para vivir esos días, como los de un combate. Se busca ubicar al desprevenido “enemigo” que suele ser un pacífico viandante, para “atacarlo” y después celebrar el haberlo humillado, mojado, pintado y a veces golpeado. Se celebra la salvajada y la cobardía que el grupo ampara y cubre con lo anónimo.

Es martes y el año va caminando más rápido de lo que uno quiere, pero lo que parece retroceder para peor es la conducta. Esperemos que en la ruta las cosas cambien. Sé que es pedir mucho, pero bien dicen que el que pide al cielo y pide poco, o es imbécil o está loco.

Las fotos que ilustran son la de un grupo de familia, con disfraces de carnaval, en el patio de la casa de Santo Domingo, Arequipa circa 1920 y el auto familiar adornado y con “tripulación juerguera”, también en Arequipa, circa 1920.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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