¿… … …?


Hay tantos temas dando vueltas, que no me decido por uno para escribir. Supongo que es cosa de decidir y empezar: La curiosidad, por ejemplo.

El viejo aforismo sentencia: “La curiosidad mató al gato”.

La curiosidad es aquello que ha hecho que desarrollemos como seres humanos, con sorpresas que han significado el fin de la curiosidad para uno o muchos, exactamente del mismo modo al que le sucedió al gato: Una cosa es ser curioso y otra imprudente.

Recuerdo de “El Tesoro de la Juventud”, una enciclopedia de cuando era chico, encuadernada en verde y de impresión en lujoso papel couché, que estaba dividido en temas, “El Libro de los por qué”: Respuestas a las más disímiles preguntas. Satisfacción de la curiosidad.

Mis  hijas tuvieron una publicación en dos tomos, que se llamaba “El Libro de Preguntas de Carlitos”, ilustrado por Schulz, con el simpático Charlie Brown, Snoopy y sus amigos.

Los niños son maestros de las preguntas y para satisfacer su curiosidad- que es la manera que tenemos de aprender- no descansan hasta obtener una respuesta y encadenarla a una nueva pregunta, sin al parecer darse por contentos.

A veces, la curiosidad, como ya lo dije, desprovista de toda cautela, tiene resultados funestos. Sin embargo, el mundo no existiría sin las respuestas que se ha dado a lo largo de la historia a miles de millones de preguntas. Y esta es la base de lo que yo llamo creatividad. El ser humano, nunca satisfecho quiere saber qué es lo que hay más allá y busca, busca satisfacer su… ¡curiosidad! Desde que dejó los árboles y se convirtió en un ser indefenso frente a una naturaleza hostil, fue preguntándose y encontrando respuestas muchas veces positivas, que lo hacían avanzar un poquito y otras negativas, que lo convertían inmediatamente en antepasado. Así empezamos y ahora exploramos las profundidades marinas, de la tierra, el espacio y las personales, en busca de contestaciones. En busca de respuestas a las sucesivas preguntas que nos hacen seguir siendo niños y querer saberlo todo.

¿Porqué quema el fuego, porqué respiramos? ¿El cielo porqué es azul? Una respuesta trae una pregunta y así sucesivamente. Somos curiosos:  ¡Seámoslo siempre!

No hay nada peor que no tener respuestas o quedarse con dudas. Claro que a veces las repuestas se remontan a preguntas lejanas, pero “cada oveja con su pareja”.  Cuando no hay respuestas, existe la ignorancia. Muchas veces decimos “porque es así” y creemos dar por terminado el interrogatorio, sin querer escuchar el ¿por qué? Agazapado queriendo saltar.  Los niños, vuelvo a decirlo, son incansables preguntones y los adultos nos cansamos o no tenemos respuestas o nos avergüenzan las que tenemos. Nunca acabaremos de aprender. Nuestra curiosidad es innata. Recuerdo el aviso de la Asociación de Relojeros de Suiza, ilustrado por Norman Rockwell, allá por  1951

Y que se titula “¿Qué lo hace hacer tick?” fue siempre un magnífico ejemplo de como la curiosidad enseña.

El tema no ha hecho más que ser arañado. La curiosidad es profunda y espera respuestas para ir avanzando. Así, de pregunta en pregunta, andamos por un territorio que no tiene fin: La vida, le llaman.

Y ahora, una pregunta final: ¿Qué es lo que quería saber el gato?