No habrá más penas ni olvido*


Estoy seguro que ninguno de los jóvenes que integran el famoso  movadef (sus siglas las pongo en minúsculas porque no representan a nada grande) sabe bien, más allá de las charlas y la “inducción”, nada muy concreto sobre la realidad de unos años atrás, cuando ni siquiera habían nacido o gateaban tratando de caminar. El sendero oscuro por el que quisieron que el Perú transitara, no es para ellos nada. Dicen, lo he citado muchas veces, que quien no conoce la Historia, está condenado a repetirla: Ellos quieren arrastrarnos a todos en su desconocimiento.

Por supuesto que son manejados por un grupo remanente de quienes sembraron de cruces los cementerios y llenaron las fosas comunes. Son manejados porque esta juventud es crédula y quiere experimentar por ella misma, volteando la cabeza cuando la experiencia muestra concreciones, en este caso horribles. Quieren ver con sus propios ojos ese sendero oscuro que llevaba a lagos de sangre que dicen no conocer ni creer en ellos. La máquina del tiempo no los puede llevar a morir en la calle Tarata ni en las serranías, la selva u otras ciudades del país, para que experimenten en primera persona. Tampoco puede hacer que sus padres o hermanos sean muertos a machetazos. Para ellos todo lo que se dice es mentira y lo que pasó es una invención.

Lo malo para ellos es que las fotografías no mienten y los testimonios son reales: El dolor hace ruido.

Ahora quieren regresar a un pasado en el que fueron nonatos o niños sin conciencia. Quieren, que para ellos, el Perú vuelva a la barbarie de las bombas, los secuestros, las muertes y el horror. Parece que quieren verlo y vivirlo para convencerse.

Lo tremendo es que no creerían a sus ojos y tildarían a los sucesos de pesadilla. Les pasaría lo que al protagonista del cuento: “Cuando despertó el dinosaurio todavía seguía allí.

La sangre, el fuego y la muerte no se olvidan: La memoria no tiene el beneficio de la amnistía. Y cuando algo no se ha vivido personalmente, la historia horrible del sendero oscuro y su cáfila de asesinos tiene voz, porque aquí los muertos la cuentan.

 

*Título tomado en préstamo de la magnífica Novela de Oswaldo Soriano.