ÉL


ÉL

 

 

Escribo esto ahora que el asunto se ha modificado un poco, pero el hecho queda y es un ejemplo de lo que sucede, porque casos como ese hay muchos… ¡desgraciadamente!

Él trabaja en una repartición pública, en un puesto alcanzado con esfuerzo. Lleva años allí y ha visto pasar un par de gobiernos. Conoce lo que hace, sabe que tiene responsabilidad y dependen de él su mujer y dos hijos que están en el colegio. No ha habido ninguna queja de lo que hace. Se ha capacitado aún más, estudiando por las noches en una universidad privada.

De pronto le avisan de su cese. Sin mayor motivo, salvo el de “renovación de cuadros” seguramente, o cualquier excusa para disponer de su lugar. Se encuentra a fin de año, con el regalo de no tener trabajo, con las deudas normales de cualquiera y una familia que sostener. De nada han valido el esfuerzo, el buen trabajo y los años haciéndolo. Es uno más de los desempleados que buscan sobrevivir a la catástrofe de verse injustamente despedidos. Nada hacía presagiarlo y de pronto ocurrió: A alguien no le gustó que estuviera allí, o pensó que un amigo podía desempeñarse igual (y  tal vez se lo había pedido). De nada valió lo que había hecho durante años. Su puesto resultó ser “de confianza” para los nuevos jefes y como no podían confiar así nomás, en vez de ver su desempeño pasado y preguntar,  lo echaron: Era más fácil.

La política es así, dirán algunos: Sin embargo él no tiene simpatías partidarias. A la hora de hacer su trabajo busca hacerlo bien, no agradar ni conceder porque sí.

Es la política que vemos,  con p minúscula que se equilibra en un billete y hace flexiones ante los poderosos a los que llama “doctor”. Es la política que tanto daño hace, en todas partes, cuando se cree que es el nombre de un club donde se debe sonreír y ser obsecuente para pertenecer. Es la política carroñera que se aprovecha de los desastres, que se reúne para favorecer indebidamente a un grupo, que come caca y eructa pavo.

El despido de él es culpa de ésa “política”. La zozobra de miles que están en la cuerda floja, también. La desesperación de los que de la noche a la mañana se ven en la calle es culpa de la política modelo chicha, que gobierna un mundo cada vez más harto de la política: De ésa política.

Que a cualquiera puede tocarle. Basta que trabajes para el Estado, cuando de pronto te das cuenta que no. Que estás trabajando para un gobierno: El que sacó más votos en la última elección o maniobró para hacerse con lo que considera botín. Un gobierno que busca colocar gente, que paga favores con favores, que primero se asegura y después hace como que ejerce funciones para despistar: La política con p minúscula, con p de podrida,  de prostituta.

La Política no es así. Es el arte de gobernar al Estado en beneficio de la Sociedad.

No es esa cosa mezquina que copa las noticias y se vuelve comidilla de comadres.

La historia de Él, ha continuado y ahora, gracias a algunos conocidos y a su desempeño, tiene la oportunidad de trabajar de nuevo, en otra repartición estatal, que solicitaba un personaje de sus características profesionales.

Pero repito, que la política mal entendida es causa mayor de muchos males nacionales e internacionales. Los brazos no pueden seguir cruzados, porque el silencio que se escucha a veces por respuesta, es el de los cementerios.

Este es solo un ejemplo.