AYER FUE UN DÍA CUALQUIERA…


Ayer en la mañana Alicia, Alicia María y Daniela se iban a buscar algo definido al centro de Lima. Al jirón Paruro, para ser más exacto. Antes de salir se quitaron los relojes, dejaron los teléfonos celulares, revisaron no tener puestos aretes y partieron con el dinero para la compra y el de la movilidad, junto con sus DNI en el bolsillo del jean. Iban a un lugar extraño y peligroso. Todas las precauciones parecían ser pocas. En realidad, como ya lo dije, iban al centro de la ciudad, no a explorar la Amazonía o a internarse en los valles peligrosos de la sierra. Sin embargo, estos preparativos de prevención resultan necesarios para lo que debería ser un acto simple: Me parece horrendo.

La inseguridad en la ciudad parece agudizarse en el centro. Los medios hacen gala de notas “rojas” y a cada instante que pasa, las estadísticas nefastas aumentan. Sin embargo Lima tiene Metropolitano y Tren Eléctrico: Crece y con el crecimiento aumenta la inseguridad.

El otro día veía que en un canal de TV mostraban las imágenes de robos en microbuses y en otro pasaban un especial sobre lo horrible que es el centro de Lima de noche y los personajes que alberga. Las cámaras lo registraban todo y como en los reality shows veíamos actuar a los ladrones y hablar a señoritas que decían que eran putas (con un “¿Y qué?” sugerido y desafiante). Me puse a pensar que siempre es noticia la parte mala, que a nadie parece importarle que alguien haga las cosas bien, por las derechas. Todos los noticieros de TV abren con una sección policial a cual más sangrienta y vemos sucesos que dejan sin habla como el incendio del “Centro de Rehabilitación” de San Juan de Lurigancho. El mal, llama la atención y como sucede que se da a cada instante, termina formando parte del paisaje y nos hemos acostumbrado a él. Pero atrae.

Nos prevenimos personalmente y no está mal tomar precauciones, pero cuando la ida a una compra se convierte en azar donde puede ocurrir cualquier cosa, el asunto está mal. No sé si hago bien en repetirlo, pero dicen que la gota de agua horada la piedra. Esto tremendo que vivimos es producido por la falta de educación, que recorre a la sociedad peruana de un lado a otro. No se explican de otra manera las excusas de las autoridades ante su inacción, ni el “colarse” de los miles de “Pepe el vivo” que pululan en las largas filas para cualquier cosa. Solo así se explica la indiferencia, el dejar hacer, dejar pasar que nos acogota. Es la única manera de entender diferencias sociales y ninguneo racista. Educación: una palabra que rima con solución y que se emplea para fingir que se tiene conocimientos, de los que se carece, evidentemente.

Es muy difícil y complejo, no abordar el problema, sino darle solución. Esa solución definitiva que no se consigue diciendo que se ha eliminado el analfabetismo en el país sino tomando al toro por las astas y le duela a quien le duela, empezar de una buena vez y seguir en la ruta, porque estamos cansados de comienzos que ven frustrado su desarrollo, porque los canallas medran en la oscuridad que provoca la falta de educación. Un pueblo educado no es igual que un pueblo informado: Es mucho más que eso. Ahí radica la importancia de la información. Lo digo de nuevo: El saber no nos educa. Es un tema mucho más profundo, en el que debemos participar todos.

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

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