CINCUENTA POR CIENTO MÁS, CINCUENTA POR CIENTO MENOS


Hace unos días publiqué un post comentando que Wong tenía los chocolates “Costa” dietéticos  a un precio mucho mayor que en otro lugar. Este sábado, Alicia vio que habían bajado 50% y compró dos. No creo que leyeran este humilde blog, pero el hecho es que reaccionaron. De pronto, como dice mi hija Alicia María, se equivocaron al principio al marcar el precio. Me parece raro un error de ese calibre, pero todo puede ser. El hecho es que están más asequibles y la reacción de Alicia fue instantánea: Me dijo que habían bajado de precio, cuando los vi y pregunté por qué gastaba tanto. Ya está corregido el valor de venta de ese producto. Sin embargo me pregunto cuánto más estaremos pagando, en total, por las compras de supermercado. A pesar de la ofertas, no creo que pierdan dinero y deben “balancear” para suplir el ofrecer precios bajos en algunos artículos. Es cierto, vuelvo a repetir, que uno está pagando un plus por seguridad, variedad y muchos servicios, pero a veces “se les ve el forro” como en el caso anterior de los chocolates. Parece que lo mismo sucede con el precio de la gelatina, otra vez para diabéticos que ofrecen. En otro lugar, la misma cajita, de igual marca, está también casi 50% más barata. Vuelvo y repito, no deben estar perdiendo los que no son supermercado: Están ganando. Menos, es cierto, pero no trabajan a pérdida y aquí no se puede esgrimir lo del contrabando, pues la gelatina es de una marca nacional.

Quiere decir pues, que siguen “sacándonos la vuelta” como cuando donábamos nuestras moneditas para alguna buena causa y les permitíamos “redondear” lo que cobraban, cuando las donaciones salían a su nombre y seguramente les posibilitaban bajar impuestos.

Este es un tema de nunca acabar. La letra pequeña, lo dicho de manera ambigua, lo a veces supuesto, hacen que muchas veces quienes nos venden algo, tengan la sartén por el mango y a nosotros no nos quede otra cosa que comer las frituras que nos dan, aunque nos hagan daño.

Existen Indecopi, los Defensores del Pueblo (¡lindo nombre!) y muchas instancias más a las que acudir, es cierto, pero el trámite es tan lento y burocrático,  tan costoso, por lo menos en tiempo, que los procesos suelen irse hasta las calendas griegas. Así como son de rápidos en vender, podrían serlo en reparar los entuertos que tienen. Pero esa es una historia diferente, por lo menos se mueve en otra realidad donde el tiempo parece ser el único bien que abunda y sobra. Por desgracia.

Anuncios