LOS CADÁVERES DE LA MEMORIA


Una noticia horrenda ha sacudido nuevamente la al parecer encallecida conciencia ciudadana. Un gran grupo de personas en proceso de “rehabilitación” falleció en San Juan de Lurigancho, víctima del fuego: Es decir, quemados o asfixiados.

Resulta que el tal centro llamado “Cristo es Amor” no tenía registro en el Ministerio de Salud y por tanto su existencia no era oficial sino oficiosa. En realidad esto vale poco para las víctimas, que ya no podrán protestar. Es un nuevo aviso que se nos da sobre los peligros de la informalidad. Una llamada de atención a quienes tras el aparente hacer bien, terminan creando un simple negocio que juega con las esperanzas de muchas personas.

Ahora se iniciarán investigaciones, se buscará a responsables y se prometerá vigilancia extrema y “tolerancia cero”. Unas autoridades responsabilizarán a otras, dentro un tiempo, las investigaciones, la búsqueda de culpables, la “tolerancia 0” y la responsabilidad irán a parar a la vía muerta de la indiferencia, al canchón que almacena las iniciativas. Formarán parte de esos cadáveres de la memoria, que ya no existen porque ella los borró. Y es que cuando algo así sucede, nos indignamos y como los fósforos, resultamos luz del momento. Pasó con “Mesa Redonda”, sucedió con el muchacho asesinado  del palco del estadio de Universitario. Sucede con miles de personas que mueren por mano ajena, sin saberse quien fue el asesino, porque parecen ser parte de una horrible pero real estadística que suele agitar a los medios que encuentran en las noticias sangrientas su modo de vender más.

La tragedia de San Juan de Lurigancho debería hacernos reaccionar y darle importancia a lo que en realidad la tiene. De otro modo, continuaremos siendo futuros integrantes de un conteo de muertos por violencia.  Una violencia que sordamente crece, junto con la indiferencia que convierte las tragedias en pan de cada día y acostumbra los ojos al horror. No sé si este es el síntoma de una sociedad enferma, pero lo parece: Una enfermedad que ha dejado de lado la solidaridad, la emoción, lo básico del ser humano convirtiendo a este en horda o en solitario autista. Escribo esto sabiendo que se ha escrito mucho, pero no puedo resistir el impulso de gritar y que mi grito llegue a alguien y sacándolo de su apatía. No tengo más solución a la mano y en el momento. No dejemos que esta sea un nuevo suceso para el olvido. Aquellos que perdieron a sus hijos, hermanos, parientes y amigos, saben a qué me refiero: Hay que buscar justicia, no la venganza. Corregir las faltas, no voltear la cara para no verlas. Alzar la voz para ser escuchado y oír la voz que clama en el desierto.

CINCUENTA POR CIENTO MÁS, CINCUENTA POR CIENTO MENOS


Hace unos días publiqué un post comentando que Wong tenía los chocolates “Costa” dietéticos  a un precio mucho mayor que en otro lugar. Este sábado, Alicia vio que habían bajado 50% y compró dos. No creo que leyeran este humilde blog, pero el hecho es que reaccionaron. De pronto, como dice mi hija Alicia María, se equivocaron al principio al marcar el precio. Me parece raro un error de ese calibre, pero todo puede ser. El hecho es que están más asequibles y la reacción de Alicia fue instantánea: Me dijo que habían bajado de precio, cuando los vi y pregunté por qué gastaba tanto. Ya está corregido el valor de venta de ese producto. Sin embargo me pregunto cuánto más estaremos pagando, en total, por las compras de supermercado. A pesar de la ofertas, no creo que pierdan dinero y deben “balancear” para suplir el ofrecer precios bajos en algunos artículos. Es cierto, vuelvo a repetir, que uno está pagando un plus por seguridad, variedad y muchos servicios, pero a veces “se les ve el forro” como en el caso anterior de los chocolates. Parece que lo mismo sucede con el precio de la gelatina, otra vez para diabéticos que ofrecen. En otro lugar, la misma cajita, de igual marca, está también casi 50% más barata. Vuelvo y repito, no deben estar perdiendo los que no son supermercado: Están ganando. Menos, es cierto, pero no trabajan a pérdida y aquí no se puede esgrimir lo del contrabando, pues la gelatina es de una marca nacional.

Quiere decir pues, que siguen “sacándonos la vuelta” como cuando donábamos nuestras moneditas para alguna buena causa y les permitíamos “redondear” lo que cobraban, cuando las donaciones salían a su nombre y seguramente les posibilitaban bajar impuestos.

Este es un tema de nunca acabar. La letra pequeña, lo dicho de manera ambigua, lo a veces supuesto, hacen que muchas veces quienes nos venden algo, tengan la sartén por el mango y a nosotros no nos quede otra cosa que comer las frituras que nos dan, aunque nos hagan daño.

Existen Indecopi, los Defensores del Pueblo (¡lindo nombre!) y muchas instancias más a las que acudir, es cierto, pero el trámite es tan lento y burocrático,  tan costoso, por lo menos en tiempo, que los procesos suelen irse hasta las calendas griegas. Así como son de rápidos en vender, podrían serlo en reparar los entuertos que tienen. Pero esa es una historia diferente, por lo menos se mueve en otra realidad donde el tiempo parece ser el único bien que abunda y sobra. Por desgracia.

SIN TÍTULO


 

Reflexiono sobre como se puede pasar de la alegría más grande, al dolor profundo.

Después de terminar y subir el post sobre Salvador, al revisar el correo, me encuentro con la terrible noticia del fallecimiento de la hija de Marcial. Marcial, mi amigo de toda la vida: El hijo ejemplar, el pianista dedicado, el estudiante modelo, la risa franca y pronta, el hombre intachable, el profesional íntegro, el que ha encarado problemas y desgracias íntimas… A él, un nuevo golpe le cae y yo lo siento tanto que escribo esto hoy, para dejarlo reposar y ver si así mi pena amaina un poquito. Intuyo lo que él debe sentir y me duele.

Pensaba sobre el pase inmediato de la alegría a la tristeza, sin concesiones. De pronto una nube nos ensombrece el ánimo y claro, por un momento ambos sentimientos opuestos conviven.

Dicen que no hay dicha completa y que la búsqueda de la felicidad, no tiene fin: Es más usual encontrar el dolor en el camino. Estas dos realidades están presentes ahora en mi ánimo; pienso sin embargo que también hay alegría en un dolor así. La alegría de saber que una vida nueva se prolonga y va a residir en un lugar donde nada malo puede tocarla: No es una manera de consolarse, sino el genuino sentimiento de alegría por la meta alcanzada.

Mi pena se va transformando en alegría y de pronto quiero decirle a mi amigo, que comprendo su dolor y que lo comparto, pero que su hija está alegre porque llegó al lugar donde están todas las sonrisas, toda la música y todo el amor. Está haciéndonos un lugar para cuando nos toque ir allí: Para que viajemos con una sonrisa, porque sabemos que nos esperan y son felices.

¡SALVADOR PRESIDENTE!


La noticia me ha llenado personalmente de orgullo, porque un hombre bueno, un verdadero pastor de almas, ha sido elegido hace poquísimo Presidente de la Conferencia Episcopal Peruana: Salvador Piñeiro García Calderón.

Somos amigos desde que coincidimos en la Asociación Ricardo Palma de Estudiantes Secundarios (ARPES), él como representante de su colegio, La Salle y yo como una especie de encargado de prensa y propaganda de la organización. Luego seguimos viéndonos, porque fuimos compañeros en el Seminario de Santo Toribio, donde compartimos solo tres o cuatro meses, ya que salí  debido a una operación y no volví. Cuando fue párroco de la de la Santísima Cruz, en Barranco, bautizó a Alicia María, que hoy ya tiene casi treinta y nueve años (malo decir su edad, supongo, pero da una idea del tiempo y la longitud del cariño que le tenemos a Salvador).  Hace muy poco tiempo, cuando estuve muy, muy enfermo, vino en el momento en que Alicia lo enteró, trayéndonos la Comunión a casa. Conversamos lo que el tiempo breve que robaba a sus labores permitió y confieso que la paz entró con él: Esa paz que hoy me permite sonreír e ir dejando poco a poco atrás los males.

No es fácil escribir sobre una persona tan querida y contar solo pequeñas anécdotas, porque la alegría es grande y el tejido de la amistad nos envuelve acogedoramente.

He seguido paso a paso su camino, viendo en él un compromiso aguerrido y bondadoso, con esa valentía que solo tienen los que están seguros que su camino es correcto: Un difícil derrotero sembrado de intrigas que sabe desarmar con la sonrisa de la verdad. Salvador, mi amigo, llega ahora al punto en el cual su don de gentes se une al valor para ocupar un puesto donde el consenso es necesario, pero la voz no debe callar, como nunca lo ha hecho la de él.  Los obispos de la Iglesia Católica tienen con Salvador a un piloto baqueano en tempestades y la Iglesia Católica peruana cuenta con un dirigente de primera en el pastor humilde que es Salvador. ¡Gracias por ser amigo!

 

EL RUIDO Y LA FURIA


Otra vez saqueo un título conocido, en esta ocasión de William Faulkner y que según veo fue traducido al castellano por primera vez como “El sonido y la Furia”.  El ruido es peor que el sonido, sin dejar de serlo y creo que es mejor esa palabra, antes que la otra: “Traduttore traditore” dicen.

Faulkner se basó en un soliloquio de “Macbeth”, según veo el  acto 5, escena 5, o sea que yo me baso en el que se basa.

Solo he tomado el título, porque nada más tiene que ver con la trama; lo que sucede es que el ruido me produce furia y la única forma civilizada de desfogarme que encuentro es escribiendo. Es decir, compartiendo con quien me lea, esto, que espero no se convierta en “El escrito y la Furia”.

Lo que sucede es bien simple: El ruido me da furia.

El ruido que atruena el espacio desde temprano y se mete donde yo esté, procedente de un televisor de algún vecino que, o es sordo, o deja el volumen alto para que los ladrones crean que hay alguien, o es simplemente digamos, “poco agraciado” en cuestión de educación, por lo que le importa un pito el hecho. Estoy seguro que es lo último porque la “programación” va cambiando de telenovelas a comerciales, a series para niños, a más telenovelas matizadas con más comerciales, alguna serie, noticiero de fin del día y a veces algún programa bien p.m. Es decir que toda la familia sufre del clásico “a mí que me importa”.

Puede pensarse que yo soy maniático, pero cuando quiero leer o escribir, me acompañan los lloros telenovelísticos, las risotadas y musiquitas de algún programa infantil o los entretelones del último escándalo farandulero. Digo que me acompañan, por decirlo: En realidad se entrometen sin dejar tregua prácticamente.

Debería quejarme. ¿A quién?: ¿A un vecino desconocido? ¿A una municipalidad que organiza “ejercicios saludables” en un parque cercano con parlantes a todo dar a las 9.00 am los sábados? ¿A una policía que acudirá haciendo sonar la sirena del carro patrullero? Me queda solo refunfuñar, escribir y en caso de desesperación extrema, ponerme orejeras o auriculares que me traigan otros sonidos. ¿Silencio? ¿Con qué se come eso? Es el nombre de una playa cerca de Huacho. Las orejeras tendrían que ser varias, unas para Alicia, otras para mí y unas más para Paulina, si le molesta el ruido.  Lo mismo pasaría con los auriculares y estoy seguro que se necesitaría tres tipos de música diferente, porque no todos tenemos los mismos gustos.

¡Orejeras en verano y con este calor, ni pensarlo!  La solución es acostumbrarme, así como me acostumbré a leer en el ómnibus y a escribir en casi cualquier lugar.

Se me hace difícil ahora lograrlo plenamente. Dicen que el hombre es un animal de costumbres; es que a pesar de la evidencia a veces me siento tan poco animal…

Estoy tratando, juro que estoy tratando, pero las líneas se me confunden y las letras se alteran cambiando de lugar al rato. Supongo que con el tiempo lo lograré: Me integraré al paisaje. Espero que no sea cuando esté completamente ciego y no pueda leer ni escribir. Dicen también que unos órganos suplen, afinando sus funciones, el deterioro de otros. Si llegase a estar ciego, el desarrollo del oído, en este caso, sería una maldición bíblica.

LOS ZAPATOS DE MIRANDA


 

No camina todavía, no ha nacido aún, pero ya tiene zapatos.

Se los compró Daniela, nuestra nieta, que desde hace un tiempo es su hermana y aunque Miranda venga al mundo en junio, llegará para alegría de todos a estrenar sus zapatos con diseño de piel de leopardo.

Este blog ha tomado un tinte “nietístico” porque es un medio que me permite compartir la felicidad con los que lo leen. El neologismo es válido en cuanto entiendan bien que hablo de los nietos, porque si hubiera puesto “familiar” el ambiente era más grande. Pero aquí quiero ir escribiendo, aunque sea poco, sobre esos “locos bajitos” a decir de Joan Manuel Serrat. Claro que Daniela con sus casi 17 años ya no es loca, aunque sea bajita, lo suficiente para que su apodo de colegio haya sido “Peke”. Tampoco Manu que crece mucho es bajito, ya que con más de 90 centímetros y algo un poco más de dos años, se proyecta como una sacuara. Loco sí es, pero está en el tiempo de serlo, mal que pese a algunos, Y claro, ahora viene Miranda a la que sus padres y hermana han visto en las imágenes de un scanner médico y nosotros intuimos con el corazón lleno de contento.

Viene al mundo donde le espera un buen par de zapatos, para todo lo que va a tener que caminar. El diseño de piel de leopardo le presume agilidad, destreza felina y le va a dar oportunidad de mostrar uno de los más bellos dibujos de la naturaleza. Llegará para ser el disfrute de Daniela, la muñeca real conque toda chica sueña.

Pido disculpas por lo personal de este post, pero no me he podido resistir a escribirlo, desde que anteayer vi en el Facebook de nuestra nieta, la fotografía de los zapatos y el comentario de su compra. Me llené de ternura y de inmediato lo compartí con Alicia, con quien seguimos paso a paso las incidencias del acontecimiento, viviéndolo como cuando Alicia María, Paloma, Daniela o Manuel iban a nacer: Con ilusión y agradecimiento. Hijas, nietos y ahora una nueva alegría: Por eso lo personal que quiero dar a saber a todos los que lean.

Dirán que soy un abuelo chocho y acepto plenamente el término: He sido también un padre chocho. Es que siempre he visto la vida como una oportunidad para que quienes vienen detrás y están cerca, puedan aprender de los aciertos y errores que uno tuvo y corregir el rumbo. Veo en nuestras hijas y nietos esa prolongación que poco a poco llena los espacios y demuestra que la vida merece ser vivida, no importan los obstáculos, dificultades ni lo difícil que a veces resulta enfrentar la mañana.

Miranda: Un lindo nombre de origen latino, que significa maravilla, prodigio. Esto, sumado a los zapatos con diseño de piel de leopardo anuncia un muy buen futuro. El principio es auspicioso, el camino largo pero parece que empieza con buen pie: uno calzado con el zapato de diseño de piel de leopardo que Daniela le regaló a su hermanita, la que va a nacer.