RELEYENDO


Estuve repasando los “Manologos” y me dí cuenta que he escrito sobre infinidad de temas, pero que recurrentemente incido en los libros. Estoy seguro que he repetido las mismas cosas y en lo que me quede para seguir escribiendo lo haré. A veces de un modo y otras veces de otro, pero diciendo eso que es importante para mi.

Los libros han sido mi enamoramiento primitivo, mis viajes por el mundo y la fantasía, mi refugio en horas difíciles y el premio que me he concedido para algunos, muy a menudo.

Hay una relación estrecha entre esas cubiertas que encierran la magia de las palabras y mi vida. Desde que empecé a leer, supe que ese era el camino, que siguiéndolo llegaría donde nadie podía ir y donde otros ya habían estado. Era y es maravilloso dejar huellas sigilosas pero muestra de pasos cómodos por arenas no holladas o reconocer los artefactos dejados por los predecesores.

Siempre he dicho que entrar en contacto con otras inteligencias, cuyas envolturas personales tal vez desaparecieron o comunicarse mentalmente con otras que aún viven más allá de los escritos, es fascinante. Abre un sinnúmero de posibilidades y los senderos son múltiples y todos distintos.

Por eso, cuando X, Y o Z se erigen como los sucesores del libro, poniendo la electrónica de por medio, sé íntimamente que son bravuconadas, que un buen libro no podrá ser remplazado por “clicks” audibles o silenciosos, por luminiscencias extrañas o pantallas doblables. Pienso que son “gadgets”, objetos que pueden remedar alguna de las funciones del libro, pero en modo alguno tomar su lugar. Nada me cambiará la emoción de descubrir algo nuevo, hojearlo, sentir su peso, el olor de la tinta o la textura y brillo opaco o violento del papel. Nada igualará a la aventura de adentrarse en una librería y pasear la vista, como quien acaricia, por las estanterías llenas. No hay nada comparable a saber que tras esos signos llamados letras, cabalgan las palabras junto con los cow boys y que las frases se despliegan a la manera de cadenas montañosas, ferrocarriles, ejércitos u horas del día.

Un libro es muchas ventanas. Es el amigo fiel que nos acompaña y espera. Es en apariencia solo papel y tinta, pero en él pueden estar contenidos mundos extraños, ceremonias ocultas o la risa fresca. Muchas veces me he encontrado buscando una cita, ya que dentro de mí sé que la he visto exactamente dicha antes y creo saber dónde…

Siempre volveré al tema de los libros. Como referencia, como placer, como informantes: Volveré a escribir acerca de ellos, aunque quien me lea se sienta aburrido. La culpa entonces será mía porque es muy difícil transmitir lo que significa: ¡Es tanto…! Lo mejor es abrir un libro, leer y dejar que lo que se está leyendo penetre totalmente. Es una experiencia, de veras,  muy difícil de describir.