LA ODISEA DEL MALETÍN NEGRO.


Este es un ejemplo de como la “Ley de Murphy” puede atacar de la manera en que lo hace siempre: inesperadamente.

Mi prima Patricia, mi primo Pancho y dos de sus hijas viajaban a Arequipa y compraron pasajes en avión. El vuelo no salió, creo que por mal tiempo en la ciudad de destino;  la cosa es que no pudieron volar y les ofrecieron que lo harían al día siguiente y que los impuestos que ya habían pagado por la salida, les valdrían. Volvieron un día después al Jorge Chávez y a mi primo le dijeron que tenía que volver a pagar los impuestos de salida. Argumentó que ya los había hecho el día anterior y no había viajado, por decisión de la aerolínea, mostrando los pasajes. No hubo caso y para no hacer lío, Pancho volvió a pagar. Cuando Patricia se enteró decidió reclamar. Dejó su maletín de viaje al cuidado de su esposo e hijas y fue a reivindicar su derecho.

Protestó en uno y otro sitio y negativas van, negativas vienen, consiguió que le devolvieran el valor de SU impuesto (claro, solo podía mostrar SU pasaje). Al tratar de reunirse con su familia, se dio conque esta  no estaba donde los había dejado, su maletín tampoco y las puertas estaban cerradas: ¡Todas las puertas del aeropuerto!  Extrañada primero y desesperada después, porque no tenía dinero aunque fuera para tomar un micro y regresar a su casa, ni las llaves de esta, ni nada útil es su cartera, preguntó a un guardia que le dijo que había amenaza de bomba en el aeropuerto y habían cerrado las puertas para evitar que la gente huyera presa del pánico y poder hacer una evacuación ordenada: Habían encontrado un maletín sospechoso.

Se acordó de su maletín de viaje y preguntando, le respondieron que el sospechoso era de color negro y que lo tenían las autoridades. Barruntando que podía ser el de ella, pidió verlo y explicó su pérdida. La llevaron para mostrárselo y lo reconoció. Delante de la policía abrió el maletín negro y sacó las cosas una por una. Lo que había llamado la atención al pasarlo por rayos X, era un prendedor que allí llevaba y que al no salir muy claro y no poder identificarlo, disparó la alama. Junto con él y varias cosas personales, había un libro: “Lituma en los Andes” de Mario Vargas Llosa, la historia de un cabo GC peruano, de lectura para el viaje.

Mi prima Patricia, que se llama curiosamente igual que la esposa del escritor, recuperó su maletín negro y volvió a acomodar sus propiedades. Cuando encontró a Pancho con sus hijas, la indignación se le saldría por los ojos, me imagino. No contó por supuesto lo que les dijo, pero calculo que no fueron palabras de agradecimiento. No paré de reír con la historia.

Pero ¿se dan cuenta que solo protestando y haciendo lío, pudo hacer valer su derecho y no pagar doble? Ella, porque mi primo pagó doble por tres.

Estamos en el Perú y desgraciadamente, el que no llora, no mama.