HACE DOS DÍAS


El martes por la tarde-noche, tenía cita con la doctora que proporciona y evalúa la rehabilitación que me está permitiendo moverme, salir de esta condición de objeto pensante en que me dejó el infarto cerebral a fines del año pasado.

Fuimos con Alicia a la clínica en un taxi cuyo chofer amablemente, nos conversó en el camino y terminó deseándonos feliz Navidad. Agradecidos, el ascensor nos llevó al segundo piso y caminé, con un poquito de dificultad, hasta la espera del consultorio, llegando a la hora exacta que ponía el recibo de la consulta. Había don señoras que conversaban esperando y un paciente más. La doctora estaba atendiendo a alguien. Como generalmente sucede con las consultas médicas, los tiempos son relativos y es normal un cierto atraso: esperamos.

Apenas se abrió la puerta para dejar salir al paciente, una de las señoras saltó como impulsada por un resorte e ingresó al consultorio, cerrando la puerta tras ella. Tiempo después y con las manecillas del reloj avanzando, salió a su vez y la otra señora también ingresó rauda, metiéndose antes que el otro esperante, Alicia o yo, pudiéramos decir nada. Pensamos que tenían cita y que la doctora se habría tardado en llegar, pero el señor que estaba allí nos dijo que su cita era anterior y que las dos señoras se habían “colado”. Comentamos lo desconsiderada que es cierta gente y como no respeta nada. Seguimos esperando, a sabiendas ya que el señor pasaría, retrasado, antes que nosotros, porque su turno era inmediatamente anterior al mío. Finalmente, después de su consulta, nos tocó a nosotros y la doctora se disculpó porque las dos señoras “se habían metido”, teniendo sí, citas, pero más tarde. El encanto y la suavidad de carácter de la doctora nos compensaron por la espera y el mal rato. Yo pensé que después de todo, las damas primero y que las señoras debían estar apuradas. Eso pensé yo, pero después reflexioné más al ver la oscuridad de la noche, por la hora en que salíamos y claro, el mundo a veces es injusto. ¿Qué hubiera pasado si el señor que me antecedía tenía urgencia de atenderse? ¿Qué pasaría si fuera yo el que la tuviera? ¿Y si fueran las señoras? ¿No hubiera bastado con que lo dijeran? ¿Tenían que “colarse” haciendo la de “Pepe el vivo”? Digo que si esto se da en una clínica y hasta allí se lleva el criollo ánimo ventajero ¿Cómo no va a pasar en otros lugares?

Un taxi nos devolvió al departamento, luego de esperar largo rato a que apareciera. Gracias a Dios la doctora me dijo que voy mejorando: espero que a las señoras les vaya bien.