UNA FOTO.


Esta foto tiene su historia. O mejor dicho, en ella hay muchas historias. Yo quisiera reconstruir una, tal vez la más evidente. La vista, la tomó mi padre allá por los años treinta, cuando era ingeniero, de paso por  ese pueblo pequeñito de la sierra sur del Perú. Casas con los tejados cubiertos de nieve, en medio de una soledad blanca y callada. Eran los tiempos en que ser ingeniero era heroico y el progreso, alguno, llegaba de las manos de hombres que construían carreteras y puentes arriesgando la vida en regiones donde el frío o el calor hacen casi imposible el trabajo.

Hombres que a lomo de mula subían las escarpadas laderas de los Andes con la posibilidad de desbarrancarse ante un mal paso, o se sumergían, machete en mano, en una espesura verde y asfixiante.

Recuerdo que mi padre contaba haber tomado esta foto en Zepita, donde nombres como Pomata, Yunguyo, Copani, Huiñamarca, y Desaguadero son familiares y representan a lugares, a parte del lago Titicaca y a un río. Una parte de nuestro hermoso país que siempre ha estado olvidado por el centralismo que hacía decir a Valdelomar que “El Perú es Lima, Lima es el jirón de la Unión, el jirón de la Unión es el Palais Cancert y el Palais Concert, soy yo. Yo soy el Perú” Ese centralismo que nos hace olvidar que somos un país y nos reduce a una ciudad que es importante pero no única.

La historia detrás de esta foto, es la historia de mi padre y de sus sueños por un Perú mejor. Él se reía siempre que decía “Cusco me nace, Arequipa me cría y Lima me enseña la politiquería”, lo que se cumplía en su caso y que estoy seguro lo llevó a los lugares más remotos de nuestro territorio, en busca de, juntando sus tres realidades, hacer lo que pudiera, como ingeniero de caminos, por unir los puntos cardinales de una nación que veía rota.

Derretida muchísimas veces está la nieve que fotografiara y sin embargo el Perú sigue roto. Y cada pedazo reclama ser el más importante y niega su integración a un todo que nos haga más fuertes, menos dependientes y más libres. Muchos años después se considera, desde Lima, que las decisiones se deben tomar aquí. Aquí, donde las voces del “interior” llegan deformadas, cuando llegan, o ensangrentadas en las noticias. Cajamarca no es Lima, Bagua no es Lima y parece que no importa y que estos hechos parezcan lejanos, porque como dice un poema de  Martin Niemoller, pastor luterano alemán, atribuido erróneamente a Bertolt Brecht:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.”

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