¡FXYZQÑKM@@PPWV!


Tengo puesto con un clip, a mi costado, un aparato de comunicación que me permite de vez en cuando enfurecerme porque no funciona como debería y cuando quiero hablar con alguien, generalmente mi hija Alicia María, se empeña en dar pitidos, dejar oír respuestas entrecortadas e ininteligibles y cortar la emisión dejándome hablar, como zonzo, al vacío, porque me entero que al otro lado de la línea no escucharon nada. A veces oigo el eco de mi voz y me siento hablando conmigo mismo. Pensé al principio que el aparato estaba mal, pero descubrí que no, que es normal. Ayer en la clínica, había un señor que conversaba con alguien, bajo esa extraña modalidad que recuerda las radios de onda corta, cuando uno decía “adelante”, “cambio” o “cambio y fuera” y el padre Macías en el colegio permitía que habláramos y escucháramos a radioaficionados de todo el mundo.

El señor hablaba alto, supongo que para poder hacerse oír o porque pensaba que su interlocutor, mujer en este caso, estaba muy lejos y levantando la voz lo escucharía mejor. Pero aquí no queda la cosa, sino que ignorando olímpicamente que podía escuchar en privado, el señor tenía activado el parlante y el volumen de este puesto al máximo. Lo supongo, porque podíamos escuchar la voz tartajosa al otro lado de la línea que le daba cuenta de no sé qué cosa. Parece que además tenían problemas de cortes de línea, mal entendimientos, ruidos o algo así: y tan normal. Se despidieron con un “¡chau-chau!” dicho por ambos, uno al lado y la otra, mágicamente presente aunque escuchada con dificultad por mi vecino.

Hace muchos años, cuando recién llegó el sistema con marca al mercado, me inscribí y tomé tres “radios” (porque solo eran eso, de ida y vuelta) para la oficina. Uno quedaba como base y nos intercomunicaba. Maravilloso, para quien tenía urgencias en ése terreno y se movía bastante. Pues la señal no llegaba a todas partes. Los lugares “sin cobertura” eran muchos y aprendí en base a frustraciones que no es oro todo lo que reluce. Tiempo después se le adicionó la función de teléfono celular y el aparatejo se fue convirtiendo en un “must”. Había que tener uno: el uso como celular salía caro, pero la radio permitía hablar barato… ¡cuando funcionaba bien!

Hace un tiempo mi hija me dio uno para usar y comunicarnos. Tenía otro mi nieta y en la lista de contactos puse a los amigos que poseían uno, me aceptaban  y que tendría más cerca así. El aparatejo había crecido en posibilidades y múltiples funciones “facilitaban” su uso, complicándolo. Felizmente el que tengo no viene con cámara fotográfica. Hoy, repito, sigo usándolo…cuando puedo.

Es cierto que comunica y ayuda, pero como nada es perfecto y la ley de Murphy ataca siempre, haciendo que lo que puede salir mal, salga mal, lo que parecía una panacea de las comunicaciones y es anunciado como el “no va más” y “lo imprescindible”, resulta un tema productor de rabietas como la que ayer me dio a mí, en vez de a mi vecino, que era el que tenía los problemas. Dicen que a todo se acostumbra uno. Él debe haberse acostumbrado. Yo no.

 

Publicado por

manoloprofe

Comunicador y publicista desde 1969. Profesor universitario desde 1985. Analista y comunicador político desde 1990.

2 comentarios en “¡FXYZQÑKM@@PPWV!”

  1. Efectivamente, de un tiempo a esta parte, no sé que ruidos se inmiscuyen en la conversación. Esta mañana conversaba con mi prima Nena (Irma) y había eco, mi voz tenía retorno, parecía que alguien repetía lo que yo estaba hablando, indudablemente era mi eco, ésto por teléfono fijo. Cada vez más avance tecnológico dicen…, antes sin tanto avance conversabamos normal por teléfono, podían ser horas y era baratísimo, ahora los minutos son carísimos y la comunicación es pésima. Aqui si vale cualquier tiempo pasado fue mejor. Es verdad, si o si.

  2. No sé si todo tiempo pasado fue mejor, pero uno se divertía más.
    Lo de los teléfonos sean fijos, móviles, tuyos o prestados, es cada vez más un caos ruidoso, caro y poco comunicativo…
    Beso,
    Manolo.

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