Los números de 2011


Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog fue visto cerca de 41.000 veces en 2011. Si fuese un concierto en la Ópera, se necesitarían alrededor de 15 actuaciones agotadas para que toda esa gente lo viera.

Haz click para ver el reporte completo.

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TERMINA EL AÑO….


 

Es necesario escribir en este último día del año. Es una manera de acercarse a cada persona que lee y desearle lo mejor para este 2012, a pesar que las profecías mayas parezcan predecir desastre y medio. Estos días que vienen van a ser como queremos que ellos sean, porque estoy convencido que forjamos nuestro propio destino. Por eso es que mirando atrás para corregir y enmendar, aprendiendo de nuestros errores, tenemos mucho por hacer. Un jardín entero por cultivar y de nosotros dependerán sus flores. Siguiendo con el símil agrario: Lo que sembremos, recogeremos multiplicado.

Está terminando un año complicado, en el que no tomamos las previsiones posibles y como tontos, repetimos las equivocaciones. Lo que tenemos entre manos  es lo que merecimos. Sin embargo ahora, como quien empieza un cuaderno nuevo, tenemos la oportunidad de comenzar a escribir con buena letra. De nosotros depende que las páginas en blanco, lo estén de veras. Desechemos los rencores, discordias y odios. Concentrémonos en lograr lo positivo y tratemos de hacer eso que tan difícil es a veces: Perdonemos. Solo así nuestra escritura de este año irá sobre papel nuevo y la tinta tendrá fuerza para agarrarse a las páginas.

Esto que escribo no es nuevo ni mi patrimonio. Se dice alrededor del mundo y está implícito en cada abrazo y felicitación. Hagamos que sea una realidad. Que el nuevo año, más allá de fórmulas llenas de buenas intenciones, venga con todo aquello que deseamos sanamente.

Que el 2012 traiga alegría, paz y amistad a todos en el mundo. Es lo que deseo. Lo que queremos todos, creo.

CUARENTA AÑOS


Alicia y yo cumplimos hoy cuarenta años de casados. Como ella dice siempre: “más cuatro de enamorados”. O sea que mucho más de la mitad de mis sesenta y cuatro años, los hemos pasado juntos: con sus altas y sus bajas, como todo aquello que crece y se prolonga, pero que gracias a cuidados mutuos, oportunos silencios y podas inteligentes, hemos podido conservar lozanos, con la alegría de los tiempos primeros.

Hemos pasado juntos mil y una vicisitudes,  que a veces nos parecieron infranqueables o imposibles de resolver: Sin embargo aquí estamos. Hemos caminado un sendero complicado, pero el verde de los campos, la nieve de las cumbres y la sombra generosa de los árboles han sido un premio constante y un acicate para descubrir nuevos amaneceres. Y así seguimos caminando, de pronto más lentos, sentándonos más a menudo, pero sabiendo que la dirección es correcta y que nos queda mucho por ver juntos.

A veces, como hoy, las palabras sobran y el estar cerca el uno del otro es lo que importa.

Compartimos este 40 aniversario con todos los que quieran sumarse. Gracias a cada uno.

Y NO FUE MÁS QUE EMPEZAR…


El cumplir mañana cuarenta años de matrimonio trae a la memoria un sin fin de anécdotas vividas en ese lapso. Como por ejemplo, que el día de nuestra boda religiosa en la iglesia de la Virgen de Fátima, en Miraflores, que estuvo a cargo de Augusto Vargas Alzamora S.J.,  antes de ser Cardenal, por supuesto, llegué temprano y recibí a algunos invitados en la puerta de la iglesia, comentándome Kiko Ledgard Jr. después, que le parecía muy gracioso que el novio recibiera a los invitados a su boda y no que estos lo esperaran a él. Resulta que la puntualidad que aprendí de mi padre me hizo llegar “por si acaso” con un poco más de media hora de adelanto.

Recuerdo también que terminado el saludo nos fuimos al departamentito que alquilamos en Barranco, al lado de la comisaría, para que Alicia se cambiara el vestido de novia y yo me pusiera también algo más “civil”. Inmediatamente después fuimos a casa de mis padres, también en Barranco, que nos vieron llegar sorprendidos y les dijimos que nos habíamos peleado. Riendo, Alicia terminó de hacerse ayudar a quitar unos ganchos que tenía en el cabello, conversamos un rato y salimos para el centro, al hotel Crillón, donde pasaríamos nuestra primera noche de casados antes de viajar al día siguiente a Tacna y Arequipa  -y si se podía a Arica- en luna de miel de siete días de extensión. Llegados a la puerta del hotel, en La Colmena, nos ayudaron con las dos maletas y subimos a lo que sería nuestra habitación. Ya instalados, un rato después sonó el timbre de la puerta y al abrirla vi, sonriente, al botones, que traía la llave del auto: ¡Lo habíamos dejado abierto y con las llaves puestas en plena avenida céntrica de Lima! Felizmente, o no nos tocaba aún, o era una época un poco menos complicada que esta y el VW crema no desapareció para siempre.

Salimos a “estirar las piernas” y a ver si comíamos algo fuera. Llegamos hasta un restaurante que ofrecía parrilladas en la plaza San Martín. Entramos y cenamos sendos “lomo a lo pobre” que no pudimos terminar y que ocasionarían una ingesta bastante copiosa posterior de Sal de Andrews  para “bajar” una comida que junto con los nervios estaba haciendo estragos.

Al día siguiente, antes de ir al aeropuerto, dimos unas vueltas por el centro, compramos algo de última hora que necesitábamos y salimos para el Jorge Chávez, donde Pancho, mi querido primo y compañero de aventuras, nos esperaba para regresar a casa el VW y cumplir con un encargo de Alicia: devolver la media peluca que le había prestado una amiga.

Al llegar a nuestra primera ciudad de destino  nos hospedamos en el Hotel de Turistas y como era fin de año y había que hacer trámites para lograrlo, no fuimos a Arica, es decir, no cruzamos la frontera y adelantamos nuestro vuelo a Arequipa, a casa de mi cuñado Jorge y mi hermana Teté. En Tacna nos enteramos el día 1 de la muerte de Lucho Banchero, cuyo avión particular nos fue ofrecido por Tony, un sobrino suyo, amigo nuestro y que había sido testigo de Alicia en el matrimonio. Habíamos declinado el ofrecimiento, pues no queríamos molestar a nadie. Me imagino la que hubiese podido armarse si volábamos en su avión, justo el día que lo asesinarían: ¡Menuda luna de miel!

YODA


Ayer fue un día hermoso: Por la tarde vino Milton a visitar y conversar un rato. ¡Qué alegría poder intercambiar opiniones con alguien inteligente, perceptivo y ameno! Trajo como obsequio un muñequito de “Yoda”, el personaje de “La Guerra de las Galaxias”, que representa la sabiduría. Canoso como yo, con varios años encima como yo y sabio como quisiera algún día serlo yo…

El muñequito “habla” al presionarle un botón, emitiendo una especie de gruñido. Lo he puesto sobre el escritorio, para verlo siempre  y saber que tengo que hacerlo todo para lograr acercarme a lo que es un “maestro Jedi”. Milton estuvo largo rato, se sentó en el lugar preferido de Pierce, la gata y cuando se levantó para servirse una coca-Cola  ella aprovechó para re tomar su sitio. Milton tuvo que cambiar de lugar, mientras Pierce se hacía la dormida y escuchaba, estoy seguro, nuestra conversación. Hablamos de todo un poco y como hacer para que mis próximos libritos (tengo tres en progreso) sean mejores, tengan posibilidades y se difundan más. La política fue un tema que no estuvo ausente y tampoco “Café Taipá” su blog, que creo humildemente  es el más importante en temas de mercadeo que yo haya visto. Deseándole un feliz año nuevo y unas merecidas, descansadas vacaciones en playas del norte, me preparé para ir a casa de mi amigo Carlos, junto con Alicia, porque nos habían invitado para reunirnos con varios amigos y en “homenaje” a nuestro Ministro de Cultura. Vino don Enrique en su taxi y nos llevó a la casa, donde con mi prurito de llegar a tiempo, llegamos antes de la hora pactada. Nos recibieron Meche, Carlos y su gato Blue, que curioseó un rato y decidió que no éramos de interés mayor. Poco a poco llegaron los amigos, algunos con sus esposas y finalmente apareció, puntual, en realidad, Lucho.

Conversamos por grupos, recordando viejas anécdotas, de esas, que los compañeros de toda la vida comparten. Amigos desde siempre, nos reímos de cosas que para los “no iniciados” no tendrían sentido y que resultaría muy largo de explicar: La amistad no puede, en realidad, ser sometida al análisis y explicada. Menos aun la que se da en el colegio, cuando uno no busca nada, salvo a veces, intercambiar alguna figurita del álbum que juntamos.

Todos los temas estuvieron presentes: la política, la ópera, los libros, el teatro, la música, los personajes…y claro, las chanzas que provocaban risas y traían memorias.

Decía al principio que fue un día hermoso, porque estuvo lleno de amistad. Me sentí bien, querido y queriendo a mis amigos, los viejos de toda la vida y el joven que vino a mis clases en el IPP y la PUCP luego, porque tiene dos títulos, uno en cada lugar, además de los otros que ha de tener; al que trabajó conmigo en Palacio de Gobierno y tiene la constancia de buscarme siempre provocando mucha alegría.

Anoche me dormí pensando en lo que siempre digo: Gracias a Dios por los amigos que hacen la vida tan vivible.

RELEYENDO


Estuve repasando los “Manologos” y me dí cuenta que he escrito sobre infinidad de temas, pero que recurrentemente incido en los libros. Estoy seguro que he repetido las mismas cosas y en lo que me quede para seguir escribiendo lo haré. A veces de un modo y otras veces de otro, pero diciendo eso que es importante para mi.

Los libros han sido mi enamoramiento primitivo, mis viajes por el mundo y la fantasía, mi refugio en horas difíciles y el premio que me he concedido para algunos, muy a menudo.

Hay una relación estrecha entre esas cubiertas que encierran la magia de las palabras y mi vida. Desde que empecé a leer, supe que ese era el camino, que siguiéndolo llegaría donde nadie podía ir y donde otros ya habían estado. Era y es maravilloso dejar huellas sigilosas pero muestra de pasos cómodos por arenas no holladas o reconocer los artefactos dejados por los predecesores.

Siempre he dicho que entrar en contacto con otras inteligencias, cuyas envolturas personales tal vez desaparecieron o comunicarse mentalmente con otras que aún viven más allá de los escritos, es fascinante. Abre un sinnúmero de posibilidades y los senderos son múltiples y todos distintos.

Por eso, cuando X, Y o Z se erigen como los sucesores del libro, poniendo la electrónica de por medio, sé íntimamente que son bravuconadas, que un buen libro no podrá ser remplazado por “clicks” audibles o silenciosos, por luminiscencias extrañas o pantallas doblables. Pienso que son “gadgets”, objetos que pueden remedar alguna de las funciones del libro, pero en modo alguno tomar su lugar. Nada me cambiará la emoción de descubrir algo nuevo, hojearlo, sentir su peso, el olor de la tinta o la textura y brillo opaco o violento del papel. Nada igualará a la aventura de adentrarse en una librería y pasear la vista, como quien acaricia, por las estanterías llenas. No hay nada comparable a saber que tras esos signos llamados letras, cabalgan las palabras junto con los cow boys y que las frases se despliegan a la manera de cadenas montañosas, ferrocarriles, ejércitos u horas del día.

Un libro es muchas ventanas. Es el amigo fiel que nos acompaña y espera. Es en apariencia solo papel y tinta, pero en él pueden estar contenidos mundos extraños, ceremonias ocultas o la risa fresca. Muchas veces me he encontrado buscando una cita, ya que dentro de mí sé que la he visto exactamente dicha antes y creo saber dónde…

Siempre volveré al tema de los libros. Como referencia, como placer, como informantes: Volveré a escribir acerca de ellos, aunque quien me lea se sienta aburrido. La culpa entonces será mía porque es muy difícil transmitir lo que significa: ¡Es tanto…! Lo mejor es abrir un libro, leer y dejar que lo que se está leyendo penetre totalmente. Es una experiencia, de veras,  muy difícil de describir.

LA ODISEA DEL MALETÍN NEGRO.


Este es un ejemplo de como la “Ley de Murphy” puede atacar de la manera en que lo hace siempre: inesperadamente.

Mi prima Patricia, mi primo Pancho y dos de sus hijas viajaban a Arequipa y compraron pasajes en avión. El vuelo no salió, creo que por mal tiempo en la ciudad de destino;  la cosa es que no pudieron volar y les ofrecieron que lo harían al día siguiente y que los impuestos que ya habían pagado por la salida, les valdrían. Volvieron un día después al Jorge Chávez y a mi primo le dijeron que tenía que volver a pagar los impuestos de salida. Argumentó que ya los había hecho el día anterior y no había viajado, por decisión de la aerolínea, mostrando los pasajes. No hubo caso y para no hacer lío, Pancho volvió a pagar. Cuando Patricia se enteró decidió reclamar. Dejó su maletín de viaje al cuidado de su esposo e hijas y fue a reivindicar su derecho.

Protestó en uno y otro sitio y negativas van, negativas vienen, consiguió que le devolvieran el valor de SU impuesto (claro, solo podía mostrar SU pasaje). Al tratar de reunirse con su familia, se dio conque esta  no estaba donde los había dejado, su maletín tampoco y las puertas estaban cerradas: ¡Todas las puertas del aeropuerto!  Extrañada primero y desesperada después, porque no tenía dinero aunque fuera para tomar un micro y regresar a su casa, ni las llaves de esta, ni nada útil es su cartera, preguntó a un guardia que le dijo que había amenaza de bomba en el aeropuerto y habían cerrado las puertas para evitar que la gente huyera presa del pánico y poder hacer una evacuación ordenada: Habían encontrado un maletín sospechoso.

Se acordó de su maletín de viaje y preguntando, le respondieron que el sospechoso era de color negro y que lo tenían las autoridades. Barruntando que podía ser el de ella, pidió verlo y explicó su pérdida. La llevaron para mostrárselo y lo reconoció. Delante de la policía abrió el maletín negro y sacó las cosas una por una. Lo que había llamado la atención al pasarlo por rayos X, era un prendedor que allí llevaba y que al no salir muy claro y no poder identificarlo, disparó la alama. Junto con él y varias cosas personales, había un libro: “Lituma en los Andes” de Mario Vargas Llosa, la historia de un cabo GC peruano, de lectura para el viaje.

Mi prima Patricia, que se llama curiosamente igual que la esposa del escritor, recuperó su maletín negro y volvió a acomodar sus propiedades. Cuando encontró a Pancho con sus hijas, la indignación se le saldría por los ojos, me imagino. No contó por supuesto lo que les dijo, pero calculo que no fueron palabras de agradecimiento. No paré de reír con la historia.

Pero ¿se dan cuenta que solo protestando y haciendo lío, pudo hacer valer su derecho y no pagar doble? Ella, porque mi primo pagó doble por tres.

Estamos en el Perú y desgraciadamente, el que no llora, no mama.